Revista Freudiana

Locura, verdad y goce, terna en el lugar del ya-nadie

Canedo, Laura


 

Laura Canedo1

LOCURA, VERDAD Y GOCE, TERNA EN EL LUGAR DEL YA-NADIE

Al adentrarnos en la ultimísima enseñanza de Jacques Lacan vemos como, a la par que aparecen nuevos conceptos como parlétre o sinthome, se desdibujan las fronteras que habían regido en la anterior. Neurosis y psicosis aparecen en mayor contigüidad; la relación entre mentira y verdad se vuelve moebiana; vemos cómo delirio y saber comparten la misma fórmula: S1-S2; e incluso síntoma y fantasma quedan absorbidos bajo un solo concepto. Se trata de cuestiones no menores que nos obligan al ejercicio de relectura.

A ello se entrega Jacques-Alain Miller en su Curso de la orientación lacaniana. En el que impartió en 2007/08,2 tomó para su título el fragmento de una frase de Lacan “todo el mundo es loco, es decir, es delirante”, y la destacó en tanto aquella que condensa la ultimísima enseñanza.3

Una nueva brújula

Lacan pronunció esta frase en un breve discurso muy al final de su enseñanza, en el año 1978, incluso con posterioridad al dictado de su Seminario 25, Momento de concluir. Miller la abordó de forma detallada en los últimos capítulos del curso Todo el mundo es loco, así como también en el siguiente, Sutilezas analíticas.4

El breve texto al que nos referimos, ¡Lacan por Vincennes!,5 cristaliza de forma condensada: los discursos, la verdad, la enseñanza y el delirio. En él, tras cuestionar la pertinencia de la fórmula “todo el mundo”, Lacan excluyó la posibilidad de un “universal” en el discurso analítico. Atribuyó incluso al hecho de que el discurso analítico no tenga nada de universal el obstáculo a ser materia de enseñanza. Pero a modo de advertencia y orientación, nos dio también las claves para avanzar. Nos dice allí que el discurso analítico se renovará confrontándose con su imposible, es decir, confrontándonos a enseñar lo que no se enseña.

Resulta sorprendente del Curso de Miller que dé a un enunciado como “todo el mundo es loco, es decir, es delirante” el estatuto de brújula que nos guía en la última enseñanza y en nuestra práctica.6 Y es que al tomarla como nuevo instrumento, parece haber virado su polo magnético. El norte al que ahora señala la aguja de esta brújula es el goce, o incluso el modo de gozar si acentuamos la singularidad. Al sustituir en el polo magnético al sujeto por el parlêtre, privilegiando la vía del goce en merma de la del significante, no solo deberemos reimantar la aguja, sino también aprender a movernos en un nuevo mapa. Se trataría ahora de un mapa físico, en el que las entidades políticas se desdibujan tras los relieves. Nos tocará entonces aprender a leer con precisión los fenómenos geográficos.

Se trata, efectivamente, de que en la medida en que nos adentramos en la vía del sinthome, nos encontramos con un eje que resulta desestructurante, en el que se desvanecen las categorías clínicas y se flexibilizan las oposiciones que incluso aparecen ahora en continuidad. Nos dice Miller: “la distinción neurosis-psicosis es operatoria a nivel significante, pero lo es mucho menos a nivel del modo de gozar. Y si abandonamos la tipología, si pasamos a la singularidad, vemos en ese nivel que todo el mundo está loco, lo que significa además que lo real miente a todo el mundo, que la verdad es mentirosa para todo el mundo.7

Tras aclararnos que esta locura universal no es la psicosis, Miller nos dice que en el fondo todo saber tiene estatuto de delirio.8 Se trata de una cuestión sobre la que Freud hizo algunas incursiones no sólo en relación a la cultura, sino llegando incluso a sugerir cierta equivalencia entre las formaciones delirantes y las construcciones que edificamos en los tratamientos analíticos.9

Vemos de esta manera las consecuencias que comporta en nuestra orientación privilegiar la vía del significante o la del modo de gozar; apuntar a la tipología o a la singularidad. No obstante, no parece que se trate de tomar una vía o la otra, sino más bien de privilegiar una, poniendo en el horizonte la relación entre significante y goce, ahora ya advertidos de que incluso “el Nombre del Padre [...] no es más que un nombre del modo de gozar."10

 

La articulación entre significante y goce

A lo largo de la enseñanza de Lacan se han ido produciendo virajes en la forma de pensar la articulación entre significante y goce, comportando ello consecuencias tanto en la forma de concebir la verdad, como en la orientación de la práctica analítica.

En 1955, siendo que concebía el goce como subordinado al lenguaje, al poner a la verdad en boca de Freud en el enunciado: “Yo, la verdad, hablo",11 ya la situaba como emparentada al goce al hacerle decir de sí misma: “me desmiento, os desafío, me destejo: decís que me defiendo.”12 A finales de los 60, al producir una torsión en su enseñanza en la que el lenguaje queda subordinado al goce, se produce un cambio de orientación. De esta manera, si en la etapa antes mencionada regía la pregunta “¿qué significa?’; es decir, por el lado del desciframiento’ en el Seminario 16 se tratará más bien de “¿Qué es lo que, al decir, eso quiere!”;13 es decir, privilegiando el “¿qué se satisface allí donde eso goza?”

En ambos periodos se trata de la relación entre el significante y el goce. Pero es en esta segunda etapa que Lacan, recurriendo a los primeros textos de Freud, el Proyecto de psicología y La interpretación de los sueños, no solo planteó que “la verdad tiene estructura de ficción",14 sino incluso que “el mundo entero está suspendido del sueño del mundo". Ello lo llevó ya a concluir que el principio de realidad es una prosecución del principio del placer por otros medios. Podemos decir entonces, que se trata ya del goce como funcionamiento que atrapa la vida entera, extendiéndose por todas partes donde hay significante, y cuyo fin mismo es la obtención de goce.

Siguiendo esta vía, podemos destacar las últimas consecuencias que se desprenden de su enseñanza, tal y como las enunció en el Seminario 24. Allí nos dijo: “Habría que abrirse a la dimensión de la verdad como variable, lo que llamaré la variété15 La designó como mentirosa,16 como aquella que no es más que la que se cree tal,17 e incluso hizo del análisis un largo encaminamiento (cheminement).18

Vemos entonces como el significante “verdad”, de tradición y trascendencia en nuestra cultura, no se sostiene en la última obra de Lacan más que a condición de ubicarlo, tal como señaló con su neologismo, como variété; es decir, destacando que el sentido no es más que particularidad de goce, e incluso, sentido gozado. Es lo que se constata cuando corremos tras la verdad; nos deslizamos en errores, engaños, equivocaciones, y mentiras, hasta constatar que la verdad no es más que semblante. Miller nos dirá incluso que sólo el goce no miente, y que el resto, todo, pertenece al registro de la verdad mentirosa.19

Ese lugar llamado el goce

Miller hará un desarrollo recurriendo al texto que Lacan escribe en respuesta al informe de Lagache, para explorar “ese lugar llamado el goce.”20 Lo hizo ubicando en “el redondel quemado en la maleza de las pulsiones,”21 el lugar previo al significante; destacando en “la maleza de las pulsiones” la inorganización del goce previo al significante; y situando en el redondel quemado en tanto “lugar del Ya-Nadie”, el artificio del significante en tanto lugar vaciado en el que se puede inscribir el sujeto; es decir, como lugar del sujeto previo al significante. Nos dice: “El lugar del Ya-Nadie es el lugar del sujeto pero designado desde antes [...] que el significante desenrolle sus volutas capciosas."22

En esa vía ubicó a la verdad como el redondel quemado en la maleza del goce, e incluso concluyó que “goce, verdad y locura son una terna de nombres que hay que ubicar en el lugar del Ya-Nadie.”23

Esto no es sin consecuencias para la práctica, en la que se tratará entonces de escuchar en lo que se enuncia lo que se vocifera del lugar del Ya-Nadie, que no es ni enunciado, ni proposición. Miller nos orienta a “apuntar de entrada y verificar que el sujeto está ligado al goce, está inscripto en el goce, se desprende del goce y que fabrica con las diversas maldiciones que lo afectan los medios para sustentar ese goce."24 Vemos entonces en el horizonte el “goce opaco, que excluye el sentido [...], un goce reacio, rebelde, incompatible respecto a la estructura del lenguaje, que no se deja significar.”25 Siendo que “el goce es justamente el reverso del sentido gozado, el sentido gozado es lo que sirve para olvidar el ser del goce."26

Se trata entonces del ser de goce que, si se puede decir así, ocupa un lugar primero, pero también último, al ser lo irreductible del sinthome.

Cómo enseñar lo que nosenseña

De esto dan cuenta los testimonios de pase de nuestros AE. En uno de ellos Angelina Harari nos dice: “sobre lo irreductible del sinthome fundamentamos la extracción de lo singular en la experiencia de un análisis, más exactamente un producto que dé nombre a lo incurable para que de él podamos servirnos. Siendo así, la locura de cada uno es al mismo tiempo la solución más singular obtenida en un análisis.”27

Si bien el discurso analítico no puede enseñarse, en tanto al orientarse en lo singular no puede aportar nada de universal, el pase es la ocasión de intentar transformar el saber de uno solo en materia de enseñanza para todos. Pero incluso ahí, cuando hay trasmisión, no escapamos a la variété. Es así como nos encontramos con lo que el psicoanálisis nos enseña de lo que no se enseña; podríamos decir, con lo que nosenseña. Con lo singular que no se puede universalizar; o, al fin, con la singularidad como universal, que a modo de consenso particular nos permite avanzar.

l.canedo@copc.cat

Notas

1Laura Canedo es psicoanalista en Barcelona, miembro de la AMP y de la ELP.

2 Miller, Jacques-Alain. Todo el mundo es loco. Paidós, Buenos Aires, 2015.

3Ibid., p. 309.

4Miller, Jacques-Alain. Sutilezas analíticas. Paidós, Buenos Aires, 2011.

5Lacan, Jacques. "¡Lacan por Vincennes!” Lacaniana, nº 11, 2011, pp. 11-12.

6Miller, Jacques-Alain. Todo el mundo es loco. op. cit., p. 315.

7Miller, Jacques-Alain. Sutilezas analíticas. op. cit., p. 76.

8 Miller, Jacques-Alain. Sutilezas analíticas. op. cit., p. 95.

9Freud, Sigmund. “Construcciones en análisis" Obras completas, vol. XXIII. Amorrortu, Buenos Aires, 1980, pp. 268-269.

10Miller, Jacques-Alain. Todo el mundo es loco. op. cit., p. 311.

11Lacan, Jacques. “La cosa freudiana o sentido del retorno a Freud en psicoanálisis”. Escritos 1. Siglo XXI, México, 1989, p. 391.

12Ibid., p. 394.

1312 Lacan, Jacques. El Seminario, libro 16, De un otro al otro. Paidós, Buenos Aires, 2008, p. 183.

14Ibid., p. 176.

15Lacan, Jacques. El seminario, libro 24, L'insu que sait de l'une bévue s’aile à mourre. Lección del 19 de abril de 1977. Inédito.

16Ibid., lección del 10 de mayo de 1977.

17Ibid., lección del 14 de diciembre de 1976.

18Ibid., lección del 10 de mayo de 1977.

19Miller, Jacques-Alain. Sutilezas analíticas. op. cit., p. 277.

20Miller, Jacques-Alain. Todo el mundo es loco. op. cit., p. 322.

21Lacan, Jacques. “Observación sobre el informe de Daniel Lagache: ‘Psicoanálisis y estructura de la personalidad.'” Escritos 2. Siglo XXI, México, 1989, p. 646.

22Miller, Jacques-Alain. Todo el mundo es loco. op. cit., p. 333.

23Ibid., p. 343.

24Ibid., p. 335.

25Miller, Jacques-Alain. Sutilezas analíticas. op. cit., p. 253. 25 Ibid., p. 95.

26Ibid., p. 95.

27Harari, Angelina. “De la loca repetición al singular disparate" Lacaniana, nº 11,2011, p. 46.