Revista Freudiana

Freudiana nº 64

enero/abril 2012


EDITORIAL

La pregunta sobre qué es una interpretación y cómo opera es inseparable de la cuestión sobre la eficacia del psicoanálisis mismo. La interpretación es un decir que se comprueba por sus efectos. ¿Pero qué tipos de efectos? ¿Y sobre qué?

La interpretación es un concepto que, y correlativamente con otros, se ha ido modificando a lo largo de la enseñanza de Lacan. En la doctrina clásica, marcada por la preponderancia de lo simbólico, en la que el inconsciente estaba estructurado como un lenguaje y el síntoma era un sentido aprisionado, la interpretación como revelación de la verdad estaba como pez en el agua. El síntoma estaba tomado en su vertiente de querer decir y no de querer gozar. Todo el acento recaía sobre el desciframiento y la interpretación era una operación de conexión entre S1 y S2 condición necesaria para entrar en el inconsciente transferencial, y por tanto en la experiencia analítica. Algo así como dices eso pero quieres decir otra cosa. Sin embargo el sentido era evocado sin ser mencionado, dejando un vacío con el fin de llamar al sujeto supuesto del lado del paciente, y evitar de ese modo tocar el goce directamente.

Será a medida que avanza la experiencia que los efectos de revelación serán sustituidos por la repetición; repetición que abre un tiempo marcado por la inercia del “girar en redondo” sobre la que el saber no tiene efectos. Allí la interpretación va contra el sentido, apuntando a un eso no quiere decir nada, con el fin de extraer el eso quiere gozar. Apunta a la separación entre S1y S2. Se pasa de la pregunta ¿qué significa? a ¿qué es lo que se satisface? En una entrevista que dio Lacan en 1974, dice lo siguiente: “El analista da una interpretación. A primera vista, parece dar un sentido a lo que dice el analizante. En realidad la interpretación es más sutil, en el sentido que tiende a borrar el sentido de las cosas de lo que sufre el sujeto. La meta es mostrarle, a través su propio relato, que el síntoma no tiene ninguna relación con nada, que está privado de cualquier sentido”, Es con la última enseñanza de Lacan que la interpretación cambia de acento. Se trata de volver a los elementos primordiales fuera de articulación, es decir fuera de sentido. En “La ponencia del ventrílocuo Jacques-Alain Miller se refiere a la interpretación como pesadilla, es decir como encuentro con lo real. Alega que la interpretación eficiente del analista es una pesadilla. Pero una pesadilla de la que uno no puede huir trasladándose al fantasma. En su curso “Vida de Lacan”, dice que Lacan siempre se empeñó en tener una incidencia de traumatismo, en los casos en los que estaba indicado. “Encarnar el traumatismo supone no retroceder frente a su propia maldad, no dejarse fascinar por hacer el bien y ser bueno. Hay algo en la maldad del goce que le muerde a uno, que le arrastra, que le desborda, y el analista está ahí para encarnarlo.” En “Sutilezas analíticas”, Miller añade que el analista deberá jugar al acontecimiento del cuerpo, al semblante de traumatismo y que “tendrá que sacrificar mucho para merecer ser tomado por un trozo de real.

Isabelle Durand
isabelledurand8@yahoo.es