Revista Freudiana

Freudiana nº 63

septiembre/diciembre 2011


EDITORIAL

La pasión por la ignorancia en tanto que horror al saber es inherente al ser humano. Este horror al saber -revestido en ocasiones de amor- será, según el momento de la enseñanza del psicoanálisis, un no querer saber de la muerte, la castración, el goce, la no existencia del Otro, la no relación sexual ... Cernir este no querer saber y, hasta cierto punto, atravesarlo, dará lugar a lo que Lacan llamará el deseo del analista, deseo singular producido por un análisis, y que sólo puede acaecer con la caída del Sujeto supuesto Saber. ¿Pero cómo dar cuenta de ello? El pase y las producciones -que tienen por función tratar el resto de este no querer saber nada de eso- son instrumentos fundamentales.

A pesar de su fragilidad -o incluso, a veces, gracias a ella- el pase no deja de ser una invención siempre productiva. Fue creado por Lacan en un determinado contexto en el que los notables negociaban entre ellos para la promoción institucional de sus analizantes. Se trataba de una verdadera cooptación. En este sentido el pase tiene una vocación claramente antijerárquica que permite, por lo menos en parte, hacer la contra a las tendencias demasiado humanas. El deseo de Lacan era incluso que los carteles del pase estuvieran compuestos sólo de pasadores.

Además el pase privilegia de este modo la experiencia analítica en laformación del analista. El acontecimiento de Paris nos lo recordó en 2009: “Ser analistas no es analizar a los demás, sino en primer lugar seguir analizándose, seguir siendo analizante. Como ven, es una lección de humildad. La otra vía sería la infatuación, es decir si el analista creyera estar en regla con su inconsciente. Nunca lo estamos”.1

Miller -siguiendo a Lacan- en su texto Consideraciones sobre los fundamentos neuróticos del deseo del analista, que publicamos en este número, constata que el pase no consigue esclarecer gran cosa sobre el deseo del analista. Para Lacan el analista es el resultado de un análisis en donde se afirma un deseo inédito. No es el resultado del deseo de ser analista sino del deseo del analista. Este deseo, cuya demostración revela ser tan problemática, tiene que ver con la capacidad engendrada por el propio análisis de provocar en sus analizantes el querer saber sobre su modo de goce. Es también para dar cuenta de este deseo que Lacan inventó el pase.

En la Conversación sobre el pase de enero 2010, Miller propone no disimular más nuestra ignorancia sobre este asunto. Dice incluso lo siguiente: “[El pase] son gente que no saben del todo, que no entienden bien lo que es el pase, que van a ser juzgados por gente que tampoco entiende bien lo que es el pase, y que eso será transmitido por gente que, ellos tampoco entienden bien lo que es el pase. A partir de allí, alguien explicará cómo, no entendiendo bien lo que es el pase, pasando delante de gente que tampoco lo entendían bien, fue nombrado cómo habiendo hecho el pase...".2

El pase agujerea la Escuela sólo en la medida en que hagamos de él un agujero.

Isabelle Durand
isabelledurand8@yahoo.es

Notas

1 Jacques-Alain Miller, Sutilezas analíticas, Ed. Paidós, Buenos Aires, 2011, p. 33.

2 Jacques-Alain Miller; “Conversation sur la passe”,janvier 2010, Supplément de la Lettre Mensuelle, p. 49.