Revista Freudiana

Freudiana nº 61

enero/abril 2011


EDITORIAL

Presentamos en este número las últimas aportaciones de Jacques-Alain Miller: una clase impartida el mes de marzo de 2011, en la que vuelve sobre la cuestión de lo real. En dicha clase, Miller nos recuerda que, si bien en un primer momento Lacan aprehendió lo especifico del goce femenino en relación al goce masculino, en su última enseñanza acabó haciendo del goce femenino el régimen del goce como tal; es decir, del goce en tanto acontecimiento del cuerpo. Miller concluye su recorrido sobre el sinthome tomado en su vertiente de resto incurable, un real sobre el que la lucidez no tiene ningún efecto. El pase sería ahí la demostración de los puntos de imposible bordeados por el sujeto. Esta clase inicia una serie en la que Miller elaborará una formalización inédita del goce a partir de la distinción entre el ser y la existencia, haciendo un recorrido riguroso de la ontología a la óntica. “No es seguro, en efecto, que lo real tenga una esencia. Tal vez se impone, por lo contrario, por el lado de su existencia, que extinguiría la cuestión de su esencia”, dice Miller.

Además, este número 61 versa esencialmente sobre dos temas: las lenguas y la salud mental.

Nunca hablamos la misma lengua yeso a pesar de compartir el mismo idioma. Cada sujeto otorga un significado distinto a un mismo significante; y por tanto nunca se puede saber el eco subjetivo, la resonancia que tendrá una palabra sobre un sujeto. Además, entre lo que uno piensa, lo que quiere decir, lo que finalmente dice, y lo que el otro entiende de lo que quiso escuchar, lo curioso es que consigamos mantener la ilusión de que hablamos la misma lengua. ¿Qué pasa cuando encima no se comparte la misma lengua materna? Cuando uno habla en una lengua distinta a la primera que usó para introducirse en el lenguaje, puede percibir aún más que, como intuyó el joven Baudelaire, es gracias al malentendido que nos ce entendemos”, Pero sobre todo uno aprecia con más agudeza que las palabras están tejidas en el goce particular de cada uno y que las significaciones tocan lo más íntimo. Cuando se habla en otra lengua, hay un goce que se pierde, a la vez que otro, aunque muy distinto, se puede ganar. La satisfacción que se pierde tiene que ver con la lalengua en el sentido de lo que diferencia la lengua materna del idioma, concebido este último como conjunto de signos propios de un grupo. Hay palabras que, para un sujeto, nunca se podrán traducir a otro idioma; yeso no impide la des localización del pase en la AMP, ya que lo que está en juego es la transmisión de una significación de goce. El multilingüismo de los AE de nuestra Escuela Una plantea en este número muchas de estas cuestiones.

Nuestra revista trata también aquí de la cuestión de la salud mental, un imperativo de completo bienestar físico, mental y social, según la propia OMS. No obstante, el rechazo algoce no es algo nuevo. La filosofía griega, con su meden agan rechazaba ya el exceso y hacía la apología de la justa medida. Preconizaba una completa harmonía como producto del dominio del deseo. Desde la sabiduría antigua hasta las prescripciones del higienismo contemporáneo, el ser humano no ha tenido tregua en su rechazo del goce. Sin embargo el imperativo de la felicidad toma en el siglo XXI la dimensión de un superyó cada vez más feroz. La ciencia borra al sujeto y con él borra su responsabilidad respecto al goce que está en juego en su sufrimiento. De estas nuevas formas de exclusión del síntoma, así como de las contribuciones y aportaciones del psicoanálisis frente a lo real en juego, tratarán algunos de los trabajos que publicamos a continuación.

Isabelle Durand
isabelledurand8@yahoo.es