Revista Freudiana

Freudiana nº 56

mayo/agosto 2009


EDITORIAL

Las portadas de Freudiana son especiales.

Carlos Rolando las construye con retazos de conversaciones, trazos de genialidad y mucha generosidad. Como quien compone música, escribe sobre un pentagrama, con forma de F, notas que otros interpretan. Luego les insufla vida, y en un gesto desprendido, deja caer esas hojas para depositarlas en nuestras manos.

La portada de este número es extraordinaria. Hace referencia a La soledad del Psicoanalista y es una ilustración, un dibujo en el que Carlos ha jugado con la luz para dar cuenta de un vacío.

Hay un vacío relacionado con la posición del analista.

El deseo del analista va acompañado de una soledad de la que el acto analítico da testimonio, como lo pone de manifiesto el artículo de Pierre Naveau: El final de la sesión. El psicoanálisis es la experiencia del inconsciente. El psicoanalista está solo en relación a su práctica, a su responsabilidad, y a su propio inconsciente.

La Biblioteca del Campo Freudiano de Barcelona ha organizado un magnifico ciclo de Conferencias sobre «Eso que llamamos inconsciente». En esta ocasión publicamos dos de estas Conferencias: El inconsciente, -¡palabra rara! en la que Vicente Palomera nos habla de un «inconsciente verboso y locuaz», y El lapsus y el chiste, donde Hebe Tizio presenta el inconsciente como el texto que Freud inventa, y la interpretación como su forma de lectura.

En nuestro apartado sobre Clínica, Gustavo Dessal en su interesante artículo La extraña y misteriosa desaparición de la voz del Sr. K, y María José Freiría con La temporalidad del lazo, muestran las diversas modalidades de la soledad y su tratamiento. La soledad puede ser la forma de nombrar la modalidad de goce, algo que Miquel Bassols en el espacio sobre el Pase, ubica como El resto que queda por demostrar, es decir, el resto opaco que viene al lugar de la no relación sexual. José Ramón Ubieto en Momentos de la experiencia analítica: la entrada en el pase lo sitúa como la constatación de lo singular que abre paso a esa experiencia. El Pase es presentado por Jacques-Alain Miller en Hacia el VII Congreso, como «testimonio de lo incurable», lo que alude a esa opacidad, que nos lleva a «renunciar a la transparencia sin ceder sobre la elucidación».

Sobre esa tarea se ubica lo que también hace a este número especial: el extenso espacio dedicado a la lectura que Jacques-Alain. Miller realizó, en su Curso La Orientación Lacaniana sobre el Seminario XVI: De un Otro al otro. Lectura que no solo hace legible las huellas de Lacan, sino que permite ubicarnos en relación a su enseñanza.

En el espacio sobre Investigación, Isabelle Durand plantea La investigación en Psicoanálisis, una pasión de la ignorancia, y en el artículo La certeza genética Carmen Grifoll, Susana Brignoni y Guy Briole escriben sobre el avance de la genética, de la ciencia, como un empuje a dejar de lado al sujeto y a la pregunta por la causa.

El analista «tan solo ... « debe hacerse causa. En la soledad de su despacho causa del deseo de cada analizante. En la Escuela,junto a otros, causa de un deseo inédito, que permita horadar en lo globalizante y asolado del discurso actual un vacío en el cual alojar el deseo del analista.

Gabriela Galarraga
g.galarraga@urovirtual.net