Revista Freudiana

Freudiana nº 52

enero/abril 2008


EDITORIAL

Cuando en 1964, Lacan propone el nombre de Escuela para fundar el espacio de los analistas, en tanto diferente de una Sociedad, toma -dice- «este término en el sentido en que antiguamente significaba ciertos lugares de refugio, incluso de bases de operación contra lo que ya podía llamarse malestar en la cultura». El primer término de refugio, nos podría hacer pensar en un lugar de resguardo, de descansado amparo. De refugiado era precisamente, la posición en la que se encontraba Lacan al inicio de su Seminario de aquel año, el de Los cuatro conceptos, y así lo indica él en las primeras páginas. No obstante, a reglón seguido, en la misma página habla de base, en el sentido local, como el lugar donde asentar sus fundamentos, pero sin descartar el sentido militar del uso de esta palabra. Esto nos acerca a la base de operaciones, que sin dejar de ofrecer un refugio tiene al contrario una función principal que es la de ser un lugar de preparación a la acción. En efecto, la orientación de la Escuela es una constante elección por la acción.

El actual movimiento en oposición al anhelo del poder estatal de controlarlo todo, de verlo y encasillarlo todo, como forma de vencer lo imposible de su quehacer, ha sacado a los analistas de su «discreta» actuación profesional, para salir a las palestras donde discutir y poner en entredicho el empuje a la evaluación así como sus consecuencias.

«Lacan: un deseo nunca en reposo», era el titulo de un artículo de Eric Laurent, en el boletín Uno por Uno n° 22, donde sostiene que la experiencia analítica al menos debía conducir a que el analista no pueda contentarse con «bellas palabras».

Los Lugares Alpha, como los nombra Jacques-Alain Miller; aquellos lugares en los que el psicoanálisis ha encontrado un espacio de inserción de su discurso. Y que en el marco de las instituciones produce efectos que se pueden localizar como psicoanalíticos, no pueden sino multiplicarse, por poco que los analistas asuman su acto dando cuenta de ello.

Y es este «dar cuenta» lo que este número de Freudiana pone, o mejor decir, expone al juicio del lector, psicoanalista o no. Los textos que indexa dan testimonio del quehacer de los miembros de la ELP en los diversos ámbitos de lo público, así como al interior mismo de su hacer clínico.

Como tampoco hay reposo a nivel de lo teórico, en tanto la última enseñanza de Lacan, reordena, desclasifica, e incluso abole lo aprehendido, renovando los conceptos y la clínica, el ejercicio del comentario de los textos, no falta en este número. Todo ello es lo que hace del psicoanálisis una constante disciplina del texto en cuestión.

Pero además, este número es también una señal, como las que se encuentran en los caminos, y que señaliza la dirección hacia PIPOL 4, Encuentro que con el título de «Clínica y pragmática de la desinserción en psicoanálisis», tendrá lugar en Barcelona en julio de 2009.

Myriam Chang Ramos
mcchang@copc.es