Revista Freudiana

Freudiana nº 68

mayo/agosto 2013


EDITORIAL

¿Cómo actuar con el propio ser? Es con esta pregunta que Lacan introduce el concepto de deseo del analista a finales de los años 50, en su escrito La dirección de la cura y los principios de su poder.

Lejos de pensar al analista como un hombre feliz, a salvo de las desgracias del ser, con el que el analizante debería acabar identificándose, Lacan objeta que el analista debe operar con su ser. Un ser que está preso del discurso del amo, que varía con el tiempo y que tiende a recubrir el agujero con su propia exaltación. Un ser que se sitúa del lado del significado y en desnivel con la escritura de la existencia.

En torno a la pregunta sobre el deseo del analista, considerada aquí como una de las incógnitas fundamentales para orientar la acción analítica, encontraremos en este número algunas aproximaciones muy precisas, como por ejemplo: si se puede elevar un elemento de resto sintomático a la dignidad de un estilo, éste se puede utilizar como elemento de real en la tarea definida como función “deseodelanalista”.

Es el psicoanalista el que tiene en sus manos hacer existir una acción lacaniana en este siglo, en el que el teatro de la prohibición edípica ha palidecido. El psicoanalista y su Escuela de psicoanálisis.

Sobre esto encontraremos reflexiones que ponen a prueba la actualidad del “Acto de fundacion” de 1964, de la Escuela de Lacan. Pensar la Escuela como una experiencia subjetiva, es propuesto como fórmula para mantener la referencia al discurso analítico y reducir los efectos del discurso del amo, que tiende a cerrar las preguntas sobre lo imposible.

¿Qué psicoanalista para el siglo XXI? es el eje de otra serie, en la que se desvela la opacidad de algunos conceptos como analista-analizante.

Los testimonios de dos AE de reciente nominación representan la prueba más viva de que esa extraña experiencia que es el psicoanálisis sigue produciendo analistas. Y si les leemos detenidamente podremos ver algo de aquello que enunciara Lacan en el año 1959, en su seminario titulado El deseo y su interpretación, sobre el final del análisis:

“No hay Otro del Otro”.

Como plantea Jacques-Alain Miller en su extraordinaria lectura de este seminario, aquí publicada: es muy posible que esta revelación no haya sido registrada, validada, asumida -no hablo de los alumnos de Lacan. Los psicoanalistas no acusaron recibo de ella. Y posiblemente sólo hoy, en 2013, podemos tomarla en serio y darle todas sus consecuencias.

El apartado de lecturas se completa con dos reseñas que amplían y clarifican nuestra perspectiva a la hora de pensar lo real en juego para el porvenir del psicoanálisis. Si una destaca la necesidad de estar advertidos frente a los presupuestos nefastos, ocultos tras las nuevas ideologías políticas, la otra señala el riesgo de devastación del psicoanálisis en el ocaso del siglo XX y la necesidad de volver a los conceptos fundamentales, sin concesiones.

Pepa Freiría

pepafreiria@gmail.com