Revista Freudiana

Freudiana nº 39

septiembre/diciembre 2003


EDITORIAL

Hace más de cien años, Sigmund Freud ya se interesaba por esos sueños típicos en los que el sentimiento de vergüenza ante la propia desnudez paralizaba al sujeto en la angustia:

“Cuando, en la edad adulta, volvemos la vista atrás se nos aparece esta época infantil en la que nada nos avergonzaba como un Paraíso, y en realidad el Paraíso no es otra cosa que la fantasía colectiva de la niñez individual. Por esta razón se hace vivir en él, desnudos, a sus moradores, sin avergonzarse uno ante el otro, hasta que llega un momento en que despiertan la vergüenza y la angustia, sucede la expulsión y comienza la vida sexual y la labor de la utilizacion.”1

La vergüenza es un afecto central en la experiencia humana que sirve de barrera al goce, civilizando al sujeto. El nacimiento del pudor en el niño pequeño marca un momento fundamental en la relación entre el sujeto y la ley. A la inversa, la indifensión paranoica frente a la mirada del Otro da cuenta de su fracaso.

Pero volvamos a los sueños exhibicionistas. En ellos el sentimiento de vergüenza delata la acción de la represión que niega al goce infantil el derecho a exhibirse. En los mismos, la vergüenza surge frente a una muchedumbre a veces anónima o indeterminada, “las personas ante las que nos avergonzamos suelen ser desconocidas”.2

La escenografia del sueño transcribe de modo imaginario la estructura de la relación del deseo con ese objeto central que Jacques Lacan denominó el objeto a. Es la mirada imaginada en el campo del Otro la que introduce la dimensión de la vergüenza.

Esa mirada que Jean-Paul Sartre supo aislar en su obra “El Ser y la Nada”: “la vergüenza de sí, es reconocimiento de que efectivamente soy ese objeto que otro mira y juzga”.3

Mira y juzga en lo más íntimo, avergonzando al sujeto de su goce. Es una mirada que vigila y castiga, que corresponde a un Otro severo y de la norma, o para decirlo con otras palabras, al régimen del padre.

¿ Qué ocurre en el declive del régimen del Uno? ¿ Qué consecuencias tiene sobre la subjetividad contemporánea? ¿Qué sucede cuando la mirada y la vergüenza se desconectan? Ya en 1969 Jacques Lacan finalizaba su seminario “El Reverso del Psicoanálisis” señalando la vacilación del sentimiento de vergüenza que manifestaba la sociedad de su época. Es el mismo año en que Ingmar Bergman estrena en Europa la película titulada “Vergüenza” (Skammen). En dicho film una pareja de músicos se refugia en una isla para escapar del horror de la guerra, sin embargo la violencia arribará finalmente a ellos desencadenando el goce latente en cada hombre. La vergüenza de la guerra es promover la reducción del sujeto al estado de desecho del Otro.

La vacilación del sentimiento de vergüenza se manifiesta en Occidente como un impasse de la cultura actual. El predominio de la mirada televisiva de la impudicia, del atentado espectáculo, del reality show en el que los sujetos confiesan su goce, sin la más mínima vergüenza, a la muchedumbre anónima de los espectadores, se nos aparece como el reverso de los sueños de vergüenza freudianos. El “paraíso infantil” en el que todos desnudan su goce parece generalizarse en el mundo de los supuestos adultos. El empuje a decirlo todo, el exhibicionismo, la falta de pudor en lo político y en lo social son muestras de la caída actual del sentimiento de vergüenza. Frente a estos hechos el psicoanalista no moraliza. Sin embargo tampoco se mantiene neutral, saca sus consecuencias clínicas, seriamente, para que el psicoanálisis continúe su andadura.

Daniel Cena
wernicen@inicia.es

Notas

1Sigmund Freud, “El sueño de avergonzamiento ante la propia desnudez” en “La Interpretación de los Sueños” capítulo V, Obras Completas, Editorial Biblioteca Nueva, Madrid, 1973,p. 496.

2Ibid.

3Jean- Paul Sartre, “El Ser y la Nada”, Alianza Editorial/Losada, Madrid, 1984, p. 289.