Revista Freudiana

Freudiana nº 37

enero/abril 2003


EDITORIAL

El llamado “movimiento psicoanalítico” alberga en su seno un conjunto diverso de prácticas que muchas veces conservan en común sólo la referencia al nombre inventado por Sigmund Freud.

Además existen las psicoterapias de inspiración psicoanalítica y otras derivadas del psicoanálisis que hoy han olvidado su origen.

También hay corrientes que se destacan por su eclecticismo y que consideran dicha posición como la prueba de su libertad de pensamiento; en ellas conviven las tendencias clínicas más dispares y los principios más heterogéneos.

En esta torre de babel donde, como no podría ser otra manera, se hablan diversas lenguas, es muy difícil ponerse de acuerdo. El desacuerdo forma parte de la historia del movimiento, hecho de rupturas, divergencias, escisiones y hasta de excomuniones.

De este panorama da cuenta Jacques Lacan en los Escritos; una lectura atenta nos permitirá verificar cómo desde el comienzo su enseñanza apunta a la crítica del “todo vale” y se interesa por la indagación de los principios que fundamentan la práctica psicoanalítica. Estos principios son los que dan a la misma su especificidad y la constituyen como diferente a todas las tendencias psicoterapéuticas.

La enseñanza de Jacques Lacan es una enseñanza en movimiento, en transformación, que no vacila a la hora de establecer un debate crítico con las corrientes que empujan al psicoanálisis al campo de la psicología general. Es una enseñanza que se opone a la reabsorción del psicoanálisis en el campo de la psicología.

De allí la polémica inicial planteada con los psicoanalistas de la Egopsychology pregoneros de la banal adaptación del sujeto a “la realidad” o la crítica argumentada al concepto de contratransferencia creado por Paula Heimann, que reduce la experiencia analítica a una “comprensión emocional”,

En el año 1953, Jacques Lacan presentaba en el Congreso de Roma “Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoánalisis”, un escrito fundamental de la historia del movimiento analítico.

Desde entonces el movimiento lacaniano se ha desarrollado y extendido sin pausa.

A medio siglo de ese momento fundacional, la situación planteada en el campo de las prácticas de la palabra y los efectos de los cambios vertiginosos producidos en el ámbito de nuestra cultura, hacen necesario retornar sobre dichos principios para distinguir nuestra práctica clínica del conjunto de las otras corrientes psicoanalíticas contemporáneas.

Es en el marco de este contexto que la Asociación Mundial de Psicoanálisis prepara su próximo congreso a celebrarse en Brasil en el año 2004. El mismo tiene como tema de investigación “Los principios de la práctica Lacaniana”,

Son numerosas las preguntas que convergen para poner en discusión las ideas que giran en torno del tema a que el congreso convoca.’ ¿En qué condiciones y con qué reglas se puede considerar que un psicoanálisis es de orientación lacaniana?

¿Por qué los lacanianos tenemos una distinta concepción del tiempo de la sesión que la que tienen otras corrientes?

¿Qué entendemos por transferencia e interpretación?

¿Por qué se opera con el concepto de deseo del analista y no con el de contratransferencia? ¿Qué consecuencias en la clínica tiene el concepto lacaniano de goce?

¿Cuál es el estatuto del síntoma en la cura?

Son estas algunas de las cuestiones que se ponen en juego para demarcar nuestra práctica clínica en su especificidad. Una práctica orientada a evitar el eclipse del psicoanálisis en el siglo XXI.

Daniel Cena