Revista Freudiana

Freudiana nº 36

septiembre/diciembre 2002


EDITORIAL

Lacan en el “Acta de Fundación” propuso un funcionamiento de Escuela dividido en tres secciones: psicoanálisis puro “... el cual es y no es más que el psicoanálisis didáctico” —es decir el que permite el paso de analizante a analista (“el que lleva al sujeto al pase...”, J.-A. Miller, Freudiana 32, p. 27)—, no siendo “en sí mismo una técnica terapéutica”, psicoanálisis aplicado “lo que quiere decir de terapéutica...”; y recesión del campo freudiano. Vemos entonces, cómo la diferencia entre el psicoanálisis puro y el aplicado radica en poner o no en primer plano lo terapéutico, vinculado al final del análisis.

Ahora bien, ¿lo terapéutico del psicoanálisis coincide con el decir terapéutico que propone la ciencia, con la sutura de la división del sujeto como ideal, o el que proponen las psicoterapias, con su charlatanería inductora de identificaciones?

Sin duda que no. Ni la sutura de la castración, ni las identificaciones constituyen la política del psicoanálisis. El síntoma, tomado como instancia central y orientado a lo real (JAM, Freudiana 32,p. 22 y siguientes) en tanto nombre propio del sujeto, es la suya. Lo que no es sin consecuencias. No es lo mismo la apuesta desegregativa por el deseo que realiza el psicoanálisis, que el empuje al consumo —de psicoterapias también, “telón de fondo de nuestra civilizacion” (E. Laurent)— con sus efectos de segregación y de “errancia”, al que induce el discurso capitalista y su aliado la tecnociencia.

Mostrar estas diferencias y sus consecuencias para los sujetos y por qué no decirlo para la civilización, ha sido un interés primordial de los psicoanalistas de orientación lacaniana en los últimos tiempos. En ello está comprometida la existencia del psicoanálisis mismo. Será a partir de la orientación que Jacques-Alain Miller ha dado en sus últimos cursos (publicamos en este número la primera de las clases del curso del año 2001-02), con la puesta en primer plano del psicoanálisis aplicado a la terapéutica, que este esfuerzo ha producido una valorización y una dimensión por explorar del psicoanálisis aplicado que no siempre ha sido evidente, y que ha desembocado en el proyecto de investigación PIPOL (Programa Internacional de Investigaciones sobre el Psicoanálisis aplicado de Orientación lacaniana), auspiciado por la Asociación Mundial de Psicoanálisis.

En este contexto comprobaremos en los testimonios que componen el dossier de este número de Freudiana dedicado al psicoanálisis aplicado en la práctica institucional, que los profesionales orientados en el psicoanálisis lacaniano y que realizan su práctica en instituciones de diverso tipo (una clínica para niños autistas, un psiquiátrico, una residencia para niños tutelados, un hospital de día para adolescentes, o una clínica - ‘del Campo freudiano’- para quien difícilmente acude a la consulta de un analista), colaboran con el sujeto a saber de su síntoma (en muchas de las veces a construirlo) y hacer un uso llevadero del mismo. Sea ofreciéndose como agentes del discurso analítico, sea colaborando con las investigaciones e intervenciones de otros discursos para poner en forma al sujeto frente a su malestar.

Trabajo que si bien puede no tener el alcance del psicoanálisis puro, concuerda bien con la máxima de Freud en su texto de 1926 “Análisis profano”: “Sólo quiero estar seguro de que no dejarán que la terapéutica mate la ciencia del inconsciente”.

Los autores nos enseñan su deseo de unas instituciones para el sufrimiento psíquico que respeten la cadena inconsciente. Al mismo tiempo que su deseo de transmitir a otros ciudadanos el aporte del psicoanálisis sobre la civilización.

También comprobaremos cómo este deseo va ligado indisolublemente a una formación del analista a la altura de la tarea. Lo que significa nuevas interrogaciones sobre los usos de la práctica del control, nuevos testimonios del pase, nuevos desarrollos sobre el final del análisis. Los trabajos sobre el tiempo lógico y su uso que publicamos, fueron presentados en las II Jornadas Clínicas de los Sábados de la Orientación Lacaniana de la Comunitat de Catalunya de la ELP, y se inscriben en el debate entre psicoanálisis y psicoterapias, puesto que el tiempo lógico (que es por el que apuesta el psicoanálisis), es el tiempo del sujeto. E “introducir la significación del sujeto, va a contracorriente de la inercia depresiva del tiempo de la repetición”. Así el psicoanálisis puro, el psicoanálisis aplicado y la recesión del campo freudiano (con un extenso y exhaustivo comentario del volumen recopilatorio de las intervenciones del “Coloquio Jacques Lacan 1901-2001”, realizado en Barcelona) —tríada constituyente de una Escuela de psicoanálisis— tienen en este número de Freudiana su habitual cabida.

Eugenio Díaz