Revista Freudiana

Freudiana nº 30

septiembre/diciembre 2000


EDITORIAL

Con este número, el 30 de su colección, Freudiana cumple diez años de existencia. Diez años intensos de aconteceres para el psicoanálisis del Campo Freudiano y por tanto para el psicoanálisis en el mundo. Su primer número —que contó con el privilegio de la publicación de la versión inédita en castellano de una conferencia impartida por Freud en 1915 bajo el título «Nosotros y la muerte»— apareció con la creación de la Escuela Europea de Psicoanálisis y de su Sección en Catalunya. El que ahora tienen en sus manos es el primero después del acontecimiento que constituyó la fundación de la Escuela Una en Buenos Aires. Entre uno y otro, un lalgo recorrido no exento de dificultades, pero muy fecundo y que son la demostración en acto de la auténtica importancia de la existencia de la Escuela para el psicoanálisis de orientación lacaniana.

Desde aquí el agradecimiento a los que con sus producciones han hecho posible que Freudiana contribuyera a ello. Y en especial a los que han sido sus directores: Horacio Casté, Antoni Vicens. Jorge Sosa, Shula Eldat, Alicia Calderón de la Barca y Elvira Guilañá, que han sabido mantener el espíritu inicial, a la vez que encontrar los elementos de novedad que en cada momento ha permitido relanzar el devenir de la revista. Y como no, a los colegas de la Comunidad de Catalunya que con su participación en los diferentes comités de redacción han colaborado a hacer realidad cada vez su puesta en marcha. No olvidamos el soporte y la respuesta siempre apropiada encontrada en el Delegado General de la AMP Jacques-Alain Miller; asesor de la revista.

Este número, segundo auspiciado por la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, constituida formalmente en mayo de 2000, se sitúa en el espíritu de la conversación que recorre a la comunidad analítica de orientación lacaniana.

La actualidad de la publicación del Curso de J. -A. Miller, El Banquete de los analistas, es tenida en cuenta en los artículos que abren y cierran el presente número, y que en cierto modo conversan entre si. El primero de S. Tendlarz sobre el contexto del psicoanálisis en el momento de ser dictado (1989) y el segundo de A. Vicens, más que una reseña, un espléndido comentario del texto.

El artículo de E. Laurent sobre el control, recomendado en la bibliografía del Comité de Acción de la Escuela Una, nos recuerda que es desde el interior mismo del discurso analítico que proviene el deseo y el deber del control. Ello dará paso en el epígrafe «Enseñanzas de los AE», al trabajo de V Palomera, que tomando como punto de partida el nudo entre pase y control, corrobora con tres viñetas clínicas la pertinencia del término «la extimidad del control», deducido del comentario de E. Laurent.

En el siguiente trabajo H. Tizio desarrolla la idea del pase como un «observatorio» de la función de la formación, con la propuesta de una formulación novedosa: la clínica de la formación.

El texto de J.-A. Miller Acerca del Gide de Lacan, eje de la conmemoración del 10° aniversario de la revista, no es sólo una orientación de lectura del escrito de Lacan, ‘Juventud de Gide o la letra y el deseo», es un exhaustivo trabajo imprescindible para la elucidación de la perversión y del valor de la lettre (letra y carta), más allá del caso Gide.

En un precioso trabajo sobre la novela de Jorge Semprún «La escritura o la vida», A. Menard muestra como el original uso del tiempo en el relato es una auténtica solución borromea.

En el «Work in progress», V. Palomera permite entender a partir de un caso de psicosis de Helen Deustch la razón que llevó a Freud a tomar el delirio de ser observado como paradigma de la génesis del superyó.

En el apartado de «Clínica», P Siquiera, muestra en su caso cual es el lugar de la voz y el silencio en el fantasma de una mujer, evocándonos en su título el de la reciente Conversación de la ELP celebrada en Barcelona. E. Díaz, plantea la importancia del objeto mirada en la constitución del rasgo perverso en un caso de neurosis. M. Chang, enseña como el no poner límites, de una mujer, a las concesiones a un hombre, lleva al sujeto a una desbordante angustia, sólo mitigada con el trabajo de la repetición significante. Termina este número con el excelente trabajo ya comentado de A. Vicens para el «Aposento de los libros»,

Eugenio Díaz Massó