Revista Freudiana

Freudiana nº 80

mayo/agosto


La cuestión de la locura es una que desde siempre ha acompañado a la humanidad y ha suscitado debates sin fin en ámbitos muy diversos. Lo sigue haciendo. La psiquiatría desde su origen, la criminología, las neurociencias más recientemente, la psicología en sus diversas formas, no dejan de interrogarse por su causa, situándola en una perspectiva determinista, en última instancia mecánica.

Para el psicoanálisis, la cuestión de la causa es inseparable de algo que solo aparentemente se le opone: la elección, la responsabilidad, el consentimiento, están en juego. Son elementos que de hecho se imponen casi de inmediato en forma de preguntas de difícil respuesta cuando pensamos en la locura. ¿Se es loco por elección? ¿Como se puede ser responsable si se está loco? Y ¿qué quiere decir “consentir” cuando situamos la causa en el inconsciente y se trataría de algo que surge en los albores del sujeto? Incluso podríamos preguntar: ¿se es responsable de aquello a lo que se consiente inconscientemente?

En la primera clase del curso de orientación lacaniana Causa y consentimiento, impartido en los años 1987-1988, Jacques-Alain Miller se enfrenta a estas preguntas y aporta respuestas esclarecedoras. Aborda el tema de la libertad y la causalidad, y destaca que lo fundamental, en todo caso, reside en la posición que el sujeto toma en relación a su propio decir. Por tanto, la libertad en psicoanálisis es la libertad respecto del significante, cómo el sujeto lo recibe y el uso que hace de él.

Veremos, a lo largo de este curso, la pertinencia de volver a interrogarnos, treinta años después (cuando justamente la AMP trabaja el tema “Las psicosis ordinarias y las otras, bajo transferencia” 1 ) sobre la cuestión de la libertad, la elección y sus modalidades, la problemática de la causalidad y el consentimiento.

Temas que se vuelven actuales cuando en la subjetividad de la época predomina el no consentimiento a los significantes amo de la tradición y la elección como derecho inalienable en todos los ámbitos. En efecto, como decía Jacques-Alain Miller recientemente en su curso “Política Lacaniana” en Torino, “el espíritu de la modernidad niega el de la tradición” 2 .

¿Cómo entonces pensar las psicosis, hoy? ¿Qué consideraciones debemos tomar en cuenta cuando hablamos de la libertad en la psicosis, destacada en su momento por Lacan, y por el contrario, en lo concerniente a las neurosis, de la alienación? Y last but not least, ¿qué quiso decir Lacan cuando escribió que de nuestra posición de sujetos somos siempre responsables, qué resonancia adquiere esta afirmación en el presente? En el curso de Jacques-Alain Miller que Freudiana empieza hoy a publicar encontraremos verdaderas perlas que nos permiten pensarlo.

En todo caso, la cuestión de la locura no se reduce a la problemática de las psicosis, aunque tenga en ellas un ámbito fundamental. Tanto más cuando nuestra época se define por un “todos locos”, más allá de las estructuras clínicas. Seguiremos de otro modo este hilo con los textos que publicamos en torno al eje “Arte y locura”. Recordando siempre que el arte va por delante del psicoanálisis. Como nos lo puntúa Lacan en su homenaje a Marguerite Duras, cuando dice del psicoanalista: “solo tiene derecho a sacar una ventaja de su posición, aunque esta le sea reconocida como tal: la de recordar, con Freud, que en su materia el artista siempre le lleva la delantera, y que no tiene por qué hacer de psicólogo donde el artista le esboza el camino.” 3

En este camino por el que se adelanta, el artista descubre y pone de manifiesto, a través de la escritura, la pintura, la danza, etc., y bajo diversas formas que dependen de la invención de cada uno, algo de lo real en juego en su síntoma y su manera única de tratarlo. En esto consiste su arte, su manera, singular, de hacer pasar el trozo de real que le concierne, cuyo tratamiento encuentra por la vía de su arte. Lo insoportable, lo imposible, el goce fuera del cuerpo, no se convierte entonces en arte mediante una reducción al sentido, sino porque mantiene algo de su condición de real en la obra.

Por otro lado, leeremos, en el eje “Las identificaciones y sus destinos”, diferentes aproximaciones a la cuestión de las identificaciones en ámbitos tan diversos como la guerra, lo digital, la familia, la alteridad. Identificaciones que funcionan, en algunos momentos y para algunos sujetos, como sostén en el mundo, pero cuyos límites se evidencian en una coyuntura específica. En los artículos aquí reunidos se muestra como cada una de estas identificaciones recubre preguntas fundamentales para cada parlêtre, las cuales se revelan por la vía de un trabajo analítico que conduce a una interrogación sobre lo más íntimo y des-vela así el agujero implícito en el trou-matismo [trou-matisme 4 ] constitutivo de cada existencia singular.

Veremos que son la política del síntoma y el deseo del analista los que sirven como brújula para tratar, per via di levare, como decía Freud, lo que surge tras estos velos que son, al fin y al cabo, lo que llamamos identificaciones.

Es importante mencionar, también, en este contexto, más allá del registro de la identificación, la relevancia que adquiere la política de lo unario, aquella que, en palabras de Éric Laurent, permite producir la diferencia. Así, la antinomia entre el narcisismo de las pequeñas diferencias y la producción de la diferencia –siempre en singular– se dibuja de una manera lo suficientemente clara como para fundamentar la apuesta del psicoanálisis de orientación lacaniana por la elección cotidiana de lo singular, del uno por uno, por una diferencia que no apunta al uno-en-más sino al Uno, en tanto ex-sistente. El arte es otra vía para su producción.

¿Y qué mejor vía que la de la clínica para seguir desarrollando los interrogantes sobre las identificaciones y sus caídas, sobre la locura de cada cual y sus elecciones, sobre el arte de cada solución sintomática y la causa que concierne a todo ser hablante? Para ello, contamos con la lectura de los casos de dos colegas, uno presentado en las Jornadas de la NLS y el otro en PIPOL.

También en este número, Freudiana sigue reservando a los testimonios de pase de los Analistas de la Escuela (AE) un lugar privilegiado. Estos testimonios hacen avanzar al psicoanálisis y enseñan a sus practicantes, del modo más concreto, las vías de un saber hacer con el propio síntoma, de construir un sinthome que de algún modo implica siempre  cierta estética. Y esto, no en el sentido hegeliano 5 del término, sino más bien en el sentido de una producción que permite hacer con una finalidad sin fin, con la “parte maldita” –por tomar una idea de Bataille– que es lo más real del propio síntoma. Es en este sentido que Jacques-Alain Miller dice, hablando del  final del análisis: “La finalidad del síntoma se ha desvanecido, mientras que persiste el elemento formal del síntoma. Por eso, correlativamente al desinvestimiento, se produce necesariamente una estetización del síntoma, este se convierte como en una finalidad sin fin.” 6

Leamos pues, en este sentido, lo que cada parlêtre dice de su solución sinthomatica, de su propia locura y de la solución que inventó, en análisis, para bordearla.

 

Claudia González *

Directora

gonzalez.claudia@icloud.com

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Notas

* Claudia González es psicoanalista en Barcelona, miembro de la AMP y de la ELP.

1 XI Congreso de la AMP, “Las psicosis ordinarias y las otras, bajo transferencia”. www.congresoamp2018.com. (Disponible en internet).

2 Seminario de Política Lacaniana. Conferencia de Jacques-Alain Miller, en Turín, “Los Heréticos”. Segunda Parte. www.radiolacan.com. (Disponible en internet).

3 Lacan, Jacques. “Homenaje a Marguerite Duras, del rapto de Lol V. Stein”. Intervenciones y textos 2. Manantial. Buenos Aires. 2001. pp. 65-66.

4 Aludo a esta palabra que usó Lacan para señalar el agujero (trou, en francés) que hay en el tejido simbólico de la experiencia traumática.

5 Hegel plantea en su obra póstuma Lecciones sobre la estética que el fin del arte y su representación es “despertar y conmover los sentimientos adormecidos, las inclinaciones, las pasiones de toda clase […] despertar en general esas pasiones a fin de que la experiencia de la vida no nos deje indiferentes y podamos alcanzar ahora la sensibilidad para todos los fenómenos.” En: Hegel, George W. Estética, Introducción. Leviatán. Buenos Aires. 1983. pp. 108-109

6 Miller, Jacques-Alain. “La signature des symptômes”. La Cause du Désir, no. 96, Navarin, pp. 119-120. (La traducción es nuestra)