Consideraciones sobre los fundamentos neuróticos del deseo del analista

Jacques-Alain Miller


Jacques-Alain Miller

CONSIDERACIONES SOBRE LOS FUNDAMENTOS NEURÓTICOS DEL DESEO DEL ANALISTA1

Uno

Si me pregunto para qué sirve el pase desde el punto de vista institucional, me respondo que tiene la ventaja de apartar al analista de todo aquello que concierne a la promoción de su paciente. Antes del pase, en el grupo analítico, los analistas que estaban en posición de hacerlo, velaban muy de cerca por la promoción de, al menos, algunos de sus pacientes, como se hace tradicionalmente en medicina, por ejemplo.

Desde el punto de vista institucional, el pase tiene, muy ciertamente, la ventaja de apartar al analista del debate concerniente a la promoción institucional de su paciente. El analista no tiene derecho a expresar su opinión y tampoco nada a negociar con nadie. ¿Quiere esto decir que no se ejercen influencias subterráneas, cálculos de promoción en varios bandos? ¿Qué la identidad del analista no pesa para nada? Sería decir demasiado. Confusamente, percibo incluso la existencia de toda una zona un poco disimulada, pero, en fin, también veo que el pase, tal como se practica actualmente entre nosotros aquí, contribuye a su manera, de un modo sorprendente, a la paz de la institución, cuando se pensaba, por el contrario, que podía ser un germen de discordia, una conmoción, etc. No es lo esencial.

Si me pregunto ahora cuál es la contribución del pase al saber que en principio esperaba él de su inventor, heme aquí más perplejo. Desde el punto de vista institucional, la ganancia es evidente. Desde el punto de vista epistémico, es más dudoso.

Se ha dicho del pase que él verifica. Sí. Podríamos decir, con un poco de ironía, que verifica sobre todo los términos en los cuáles Lacan lo introdujo, y también, que verifica sobre todo algunos de estos términos, aquellos que perforaron la pantalla. Pero sobre el asunto central que motivó el pase, sobre el pasaje de la posición de analizante a la de analista, sobre el deseo del analista, sobre su emergencia, ¿qué nos ha enseñado el pase? Da ganas de responder -”Nada en absoluto”- y que el deseo del analista es el gran ausente del pase. Parece que no hubiera cuestión más eludida en los pases, que nada o casi nada de ello aparece en los testimonios, y que si debiéramos concluir o partir de esta evidencia empírica, podríamos decir “hay aquí de lo indecible” porque eso no se dice. Se podría decir “si ellos no dicen nada de ello, es que es imposible de decir”. Lacan, de hecho, superponía a la sigla AE el materna de S_Atachada.jpg

Dos

En fin, exagero. No puedo decir, de todos modos, que el pase no es más un artificio anti-didactas, más que un instrumento institucional ¿Puedo decir eso? No, no puedo decirlo.

Aprendemos mucho sobre la práctica del análisis por el sesgo del pase. Y, curiosamente, aprendemos mucho sobre los efectos terapéuticos del análisis. Podríamos decir que lo esencial de lo que se aprende son los éxitos terapéuticos del análisis. Aprendemos que, en efecto, el sujeto puede salir de la repetición, o al menos, tener esa impresión, y dar el testimonio de ello. Verificamos que, en la mayoría de los casos, el encuentro con el analista es un buen encuentro, incluso aunque a veces conduzca al sujeto a retomar el análisis con otro analista.

Se aprende mucho sobre el comienzo de la cura, y quizás mucho más que sobre el final. El pase informa más sobre el empuje-al-análisis, si puedo decirlo así, que sobre los empujes-a-la-salida del análisis. No hay en eso nada que nos sorprenda. Sobre el número, es normal que esto se concentre sobre estos puntos. Es lo que hace que la espera epistémica, si queremos satisfacerla, no haya que buscarla por el lado del número.

¿Por qué no decir que el pase está hecho, sobre todo, para verificar la demanda de pase? y que apunta, principalmente, a la trayectoria que va de la demanda de análisis a la demanda de pase. Son dos demandas diferentes. La primera, la demanda de análisis, es una demanda hecha a un elemento del conjunto de los analistas, mientras que la segunda es una demanda hecha al conjunto de los analistas, o a un conjunto de analistas. Esto permite, pues, estudiar en todos los casos este desplazamiento de transferencia, y el modo en el que el sujeto interpreta ese conjunto al que se dirige cuando hace la demanda de pase.

Tres

Dije que el deseo del analista parecía ser el ausente del pase. Pero justamente, ¿bajo qué forma esperabas tú que apareciera el deseo del analista? Si él apareciera en persona, en crudo, ¿inspiraría confianza ese deseo? ¿Y no demanda él, como todo deseo, ser interpretado? ¿No hay que buscarlo en su lugar?: bajo la demanda, y aquí, bajo la demanda de pase, cuando esta demanda sabe tomar la rara vuelta de dirigirse a otro desvanecido. Tenemos un diálogo paradójico: “Tú no existes”, dice uno; “Tú lo has dicho”, dice el Otro.

El deseo del analista, al menos bajo la forma del deseo de ser analista, emerge indudablemente de la patología neurótica y de la terapéutica de esa patología. Los fundamentos del deseo de ser analista se ven en la neurosis. La forma más simple y la más frecuente en la que se ve aparecer esta emergencia es por la transformación de una vocación curativa. Vemos, en efecto, sujetos cuya primera vocación es la de ser médico o psicólogo, una vocación de curar o de comprender al otro y que, en el análisis, elucidan esta vocación hasta modificarla, con una modificación que tiende al deseo del analista, y que preserva, de todos modos, esta orientación al Otro. Se ve lo que era el atractivo de fondo de la vocación primera, que luego es modificada, y como atrapada hacia el deseo del analista.

Hay que hacer aquí un gran lugar a los misterios de la muerte -a esos misterios como tales, o a los efectos de la muerte sobre un cercano, al lugar que la muerte ha podido tener en el deseo del Otro, y también a los misterios del cuerpo. Se nota, en cierto número de sujetos, un grado notable de disconformidad con el sexo, incluso de incomodidad con la sexualidad.

Son algunos de los fundamentos del deseo del analista tal como aparecen en la neurosis y se acuñaban primero en la vocación médica o psicológica.

Un rasgo más. El deseo del analista es percibido con frecuencia, o al menos asumido por el sujeto a partir de una posición de excepcionalidad, a partir de un rasgo de excepción. Encontramos con mucha frecuencia diversas formas de apartarse. Los sujetos que acaban por presentarse al pase parecen tener una relación electiva con el apartheid -o habiéndolo sufrido ellos mismos, o su filiación siendo marcada por un cierto apartheid. Y podemos decir que el apartheid -felizmente desaparecido como práctica política y del que queda sólo el significante- es bastante favorable a la emergencia del deseo del analista. Es verdad para los judíos, como también, no diré para los collabos (colaboracionistas), pero sí para sus hijos, estos alsacianos enrolados por la fuerza entre las mujeres.

En cada uno, se encuentra marcado el rasgo de excepción: el único, el preferido, el deshonrado, el excluido, el extraordinario, tanto en su versión exaltada como en su versión paria.

jam@lacanian.net
Traducción de Graciela Esperanza,
revisada por Isabelle Durand.

Notas

1 Texto publicado en La lettre mensuelle nº 132 de septiembre 1994. El texto ha sido redactado por Catherine Bonningue, a partir de la intervención de Jacques-Alain Miller en el marco de las Tardes de los Carteles del pase el 11 de junio de 1994. Transcripción de la traducción: Irene Domínguez. Versión no revisada por el autor.

Inicio | Catálogo