El lugar de la letra

Estela Paskvan


Estela Paskvan 1

EL LUGAR DE LA LETRA 2

Lacan al referirse a las letras de molde, las utilizadas en la vieja imprenta, dice “presentifican válidamente lo que llamamos la letra, a saber la estructura esencialmente localizada del significante”. 3 De esta afirmación escrita en 1957 destacamos ‘la estructura esencialmente localizada’ y nos servimos de ella como hilo de Ariadna para seguirlo en ese recorrido: el topos, el lugar de la letra.

“La letra en el inconsciente”

Es uno de los apartados del Escrito “La instancia de la letra en el incons­ciente…“ Este escrito, como lo indica su título, responde al propósito de señalar el estatuto de la letra en el inconsciente. Si Lacan había señalado en otro “la función de la palabra” y “el campo de lenguaje”, aquí se aboca a “la instancia de la letra”. Este escrito es muy señalado por la formulación de la metáfora y la metonimia como los mecanismos de las formaciones del inconsciente. Estas fórmulas reposan en la combinatoria significante, y hay que decir, que aún es difícil deslindar la letra del significante. Sin embargo, en este apartado, se puede atrapar cierta especificidad.

Aquí Lacan sigue a Freud en la interpretación de los sueños para remarcar que si el sueño es un rébus, un acertijo, hay que descifrarlo “al pie de la letra”.

Para ello el valor significante de la imagen no tiene nada que ver con su signi­ficación. No se trata de simbolismo puesto que en la estructura del lenguaje la barra entre el significante y el significado insiste. Señalemos que esta separación entre significante y significado es lo que vuelve posible la operación analítica, y en primer lugar, la interpretación.

Entonces, ¿cómo entender el significante en el sueño? Se trata de la figura­ción literal de un término verbal. 4 Las letras sirven para escribir las palabras, “la es­tructura fonemática es literante”. Lacan argumenta” que estamos en la escritura donde el pretendido ‘ideograma’ es una letra”. Los sueños se descifran como los jeroglíficos y la interpretación es una lectura que apunta a desvelar la sig­nificación y el sentido cifrados. La lectura supone que esos jeroglíficos quieren decir algo; es ella la que atribuye un sujeto al enigma a resolver. Estamos en un momento donde la escritura y la lectura van juntos, los escritos son para leer.

La carta-letra robada ¿dónde está?

El Seminario sobre “la carta robada” ha sido tradicionalmente estudiado para señalar la ley de la combinatoria significante y la autonomía de la determina­ción simbólica. Lacan insiste en ello con sus grafos que escriben las series del azar con las cuatro letras griegas, α β γ δ. Sin embargo, Jaques-Alain Miller ha observado, en más de una ocasión, que en este seminario no se trata tanto del significante como de la letra. Nos remitimos entonces a la primera parte, escrita a mediados del 56, para destacarlo.

“A letter, a litter; una letra, una basura”, 5 dice Lacan refiriéndose a la homofonía joyceana, y así ya avanza sobre su escrito posterior del 71. La letra-carta se presentifica en su carácter de objeto, en su materialidad “con el pedazo de papel insignificante)). Aquí se separa la carta del mensaje que porta; es el error de los policías que la buscan por su etiqueta significante, las señas de la destinataria, etcétera.

Todo el cuento de Poe radica en una investigación. La carta ¿dónde está?

Como lo señala Lacan, ¿no tenemos derecho a preguntarnos “cómo es posible que la carta no se haya encontrado en ningún sitio?”.6 Su respuesta es para su­brayar: es evidente que la carta tiene con el lugar relaciones singulares, pues son las mismas que con el lugar mantiene el significante. Pero, entonces, ¿por qué no la encuentran? Se trata de localizarla y es por eso que se llama a Dupin. Él puede distinguirla como un pedazo de carta, un resto, en eso que se ha conver­tido después de todas las mudanzas que sufrió en el cuento.

Es importante señalar que la carta se presenta así al final del trayecto que realizó, no antes, sino al cabo del recorrido simbólico. Ella es litter, un desecho, después de cumplir su función de mensaje; es el resto de la operación signifi­cante del mensaje. Al final del recorrido, el significante y la carta-letra no se confunden. La carta tiene un lugar destinado: la poubelle, el basurero. Ese lugar no se confunde con el Otro donde se atesoran los significantes.

Lacan señala: “¿Qué es lo queda de un significante cuando ya no tiene signi­ficación?”. 7 Dice que es la pregunta del ministro, el que interroga al significante en tanto jugador, es decir, en las apuestas del azar. Al final del recorrido el sig­nificante responde “Cómete tu Dasein”, La respuesta no se sitúa en la falta en ser que es propiedad del significante; todo lo contrario, está a nivel del ser.

La letra en el borde

“Lituratierra” [Lituraterre] es un escrito de la lección del 12/5/71 del Semi­nario 18, De un discurso que no fuera del semblante. Allí Lacan vuelve a referirse al cuento de Poe con el que abre sus Escritos fuera del orden cronológico de los mismos. Insiste en cómo el cuento se salda sin recurrir al contenido de la carta. y si en ese momento ya había hecho referencia al equívoco de Joyce [a letter; a litter], aquí avanza que éste con su escritura ya iba derecho “a lo que puede esperarse del psicoanálisis en su fin”.

En 1971 encontramos una nueva articulación entre la letra y el significante. Jaques-Alain Miller argumenta que “Lituratierra” responde a la Instancia de la letra…Si en 1957 la letra conduce al significante, sirve para escribir las palabras, en 1971 significante y letra se separan.8

Se distingue el significante que es semblante de la letra que no lo es. Para ello, Lacan hace uso de un apólogo con lo que ve sobre la planicie siberiana en su vuelo de regreso del Japón. Por un lado sitúa lo que es semblante (las nubes, el resplandor, los meteoros), y por el otro, lo que resulta de su ruptura, lo que se precipita de esa materia en suspensión. De ella llueve significado y goce que erosiona y se acumula, ravinement. Así se distinguen dos “demansiones” dife­rentes, lo que es semblante y lo que señala la letra.

Lacan toma apoyo en la escritura japonesa. Señalaremos al respecto, a manera de resumen, los siguientes aspectos. En primer lugar, esta escritura no es una transcripción de los sonidos de la lengua hablada como en las escrituras alfabéticas. Cada carácter es trazado con mayor o menor complejidad y puede estar cons­tituido de partes, cada una con sentidos diferentes. Cada carácter puede abrigar distintos sentidos. Lacan señala los efectos que esta escritura tiene sobre la lengua en tanto que en japonés, esa escritura puede leerse con dos pronunciaciones diferentes: la que enuncia los caracteres y la que dice lo que en japonés quiere decir.

Por otra parte, la pintura japonesa manifiesta un vínculo estrecho con la letra, precisamente con la caligrafía. Lacan refiriéndose a los kakémonos que llevan inscritos los caracteres dice que permiten estimar “lo que se elide en la cursiva, donde lo singular de la mano aplasta lo universal”.9 Lo singular de la letra es la proeza de la caligrafía japonesa, el trazo, la jugada de una apuesta “que se gana con la tinta y el pincel”. La singularidad del trazo es litura, tachadura, enmienda.

Además, Lacan observa que los llamados makémonos son pinturas de escenas cotidianas donde no faltan montones de nubes” ¿…no es precisamente porque así se introduce la dimensión del significante?”.10 Si Lacan inventa este neolo­gismo ‘Lituraterre’ es para distinguir la literatura que se sostiene del semblante de aquella que lituraterriza, que los atraviesa. Es el caso de Joyce, fundamental­mente con su Finnegans Wake.

Estamos ahora frente a una escritura que no se reduce a calcar, a imprimir el significante. Pero Lacan advierte que eso no significa que la letra sea primaria; ella tiene una materialidad que es secundaria respecto del significante. La letra es efecto o consecuencia del lenguaje. “No se impone un examen de dicha primariedad, que ni siquiera ha de suponerse, sino de lo que del lenguaje llama litoral a lo literal”. 11

En este escrito la letra dibuja su lugar, un litoral entre dos espacios no ho­mogéneos, entre el saber y el goce. La letra traza “el borde del agujero en el saber”. Es el goce que se amolda en el hueco preparado por el significante. Si el saber es fundamentalmente de orden simbólico, la letra de goce dibuja su borde real. En su Seminario, Lacan dice a su audiencia para que entiendan y repitan a manera de cantinela: “La escritura, la letra, está en lo real, y el significante, en lo simbólico”.12

Señalemos que el borde es un relieve, un godet, un pliegue. Esta topología no deja de tener consecuencias clínicas. Sólo un ejemplo: en la clínica con niños, lo que leíamos como circuitos de cadenas simbólicas, asumen ahora otro esta­tuto real. Éric Laurent ha mostrado una clínica del borde en el autismo donde la operación de la letra se revela fundamental.13

Este escrito finaliza preguntando lo que insiste en su Seminario, si es posible con este litoral constituir un discurso que no fuera del semblante. Lacan cuenta una anécdota por la que muestra que tuvo lugar una comunicación fuera del diálogo, la comunicación científica. Para ello es necesario “una ascesis de la escritura”.

La letra ex-siste

A mediados del 74, en su Seminario RSI, Lacan afirma que su nudo bo­rromeo es una escritura y que ella sostiene un real; "… de lo real no hay otra idea sensible que la que da la escritura, el rasgo de escrito”. 14 El nudo articula los tres registros que se han diferenciado a partir del discurso analítico: ex-sistencia de lo real, agujero de lo simbólico, consistencia de lo imaginario. Pero a su vez, el nudo es una escritura real, es sólo un trazado y no quiere decir nada. Las letras funcionan como los números, las cifras, no suponen ningún mensaje, están fuera de sentido, no son para leer. 15 Esta ascesis de la escritura implica separar la letra de sus afinidades con el ser de la palabra, con la ontología del semblante, para pasar a conjugarse con la existencia.

Lacan escribe esta ex-sistencia con un guión para señalar que está “fuera de…“, en otro nivel. Se remarca así el lugar de la letra en tanto real y en su exclusión del sentido. Pero esa exclusión no es tan simple si se trata de atrapar lo que ocurre con los fenómenos de la experiencia analítica. Jaques-Alain Miller ha remarcado cómo se trata de una “exclusión interna” y señala que consiste en “un pliegue”, “un desnivel” en un espacio no homogéneo. 16 Reconocemos así una topología ya avanzada con la noción de “extimidad”.

Es importante señalar al respecto que ahora está en juego una ex-sistencia en relación a un agujero, el agujero de lo simbólico. Un agujero es distinto de una falta. La noción de falta, tan presente en la enseñanza de Lacan por vin­cularse precisamente al orden simbólico, implica el señalamiento de un lugar. El ejemplo del libro que falta en la biblioteca era al respecto muy ilustrativo. Mientras que el agujero que Lacan muestra en su última enseñanza implica la desaparición del lugar, del sitio señalado.17 Ya no se trata de la falta en el Otro sino de su desaparición. La letra que le ex-siste es el resto de ese hundimiento.

Lacan no renunció a una ambición, que la experiencia analítica -más allá del sentido y la verdad- diera acceso a un real. La prueba por el procedimiento del pase tiene inspiración en la demostración matemática. Ese real conclusivo, al final de la experiencia, aparece como fuera del discurso del que procede y al mismo tiempo adquiere un valor de axioma singular, como si fuera previo a la misma. Es su valor de real, la letra que ex-siste.

epaskvan@gmail.com

Notas:

1 Estela Paskvan es miembro de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis (ELP).

2 Texto a partir del trabajo realizado en el Grupo de Investigación del Instituto del Campo Freu­diano “Clínica del sinthome” durante el curso 2012-13 dedicado a “La letra y el cuerpo”.

3 Lacan, Jaques. “La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud” en Escritos, Siglo XXI, México, p. 481.

4 Ibíd., p. 490.

5 Lacan, Jacques. “El seminario sobre ‘La carta robada’” en Escritos 1, op. cit., p. 19.

6 Ibíd., p. 17.

7 Ibíd., pp. 32-33.

8 Miller, Jacques-Alain. Piezas sueltas, Curso de la Orientación Lacaniana, clase del 12/1/05.

9 Lacan, Jacques. “Lituratierra” en Otros escritos. Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 24.

10 Lacan, Jacques. El Seminario, libro 18: De un discurso que no fuera del semblante. Paidós Ibérica, Buenos Aires, 2012, p. 113.

11 Lacan, Jacques. “Lituratierra”, Op. cit., p. 22.

12 Lacan, Jacques. El Seminario, Libro 18: De un discurso que no fuera del semblante, Op. cit., p.114.

13 Laurent, Éric. La batalla del autismo. De la clínica de la política. Grama / Na­varin-Le Champ Freudien, 2013.

14 Lacan, Jacques. “RSI” en Ornicar 3. Petrel, p. 26.

15 Lacan, Jacques. “Postfacio al Seminario XI”, en Otros escritos. Op. cit., p. 529.

16 Miller, Jacques-Alain. La experiencia de lo real en la cura analítica, Curso de la Orientación Lacaniana. Paidós, Buenos Aires, 2003, clase del 2/12/98.

17 Miller, Jacques-Alain. El lugar y el lazo, Curso de la Orientación Lacaniana. Paidós, Buenos Aires, 2013, clase del 6/6/2001.

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