Conversación con Mercè Managuerra y Marc García Coté*
En el Seminario 16, Lacan hace referencia a que “el analista está en el lugar de lo que se representaba en la escena trágica, no hace sino ubicarse en el lugar del actor, en la medida en que basta un actor para sostener la escena”1. Desde esta perspectiva, en un número sobre el acto, en Freudiana hemos querido conversar con dos actores y directores de teatro, quienes han hecho de la actuación su camino en la vida: Mercè Managuerra y Marc García Coté. A partir de las preguntas formuladas por Elisabeth Escayola –a quien hemos invitado a participar en esta conversación-, Luciana Fracchia y Soledad Bertran, se reproducen a continuación los principales temas abordados –en cursiva-, y los comentarios de los entrevistados.
Nos ha interesado cómo se dio para vosotros el encuentro con la palabra, y cómo concebís la escritura. Ambos hacéis referencia, en distintos espacios, a un “hilo” que parte de las palabras, o del silencio. Merçè Managuerra habla, en la compilación Mujeres y discursos, del “misterio hondo de lo que era dicho y no dicho” a partir de su descubrimiento de la poesía: “entendí que vivía en dos mundos radicalmente diferentes, uno incomprensible y otro lleno de luz. De aquí creo que surgió la necesidad de no separarse nunca de palabras como aquellas, de tenerlas cerca como un antídoto cuando perdía el hilo de la vida” 2.
Merçè Managuerra: hay una especie de evidencia en mí que parte de la oscuridad del silencio. Tuve muy claro que había una forma de vivir a través de estas ventanas que para mí significan las palabras. Aunque era muy pequeña, lo recuerdo perfectamente: descubrí de manera intuitiva que había rincones en las palabras que eran inaccesibles pero que había una luz cuando se pronunciaban. Viví la experiencia de recibir las palabras de mi padre al leerme poesía, que para mí fueron un regalo con lo que podía hacer algo. Ahí estaba el elixir de la vida de alguna manera. Y cuando él me hacía leer, yo le respondía que las palabras no decían lo mismo cuando las leía él que cuando las leía yo. Me parecía fascinante que las mismas palabras no dijeran lo mismo cuando yo las decía. Creo que eso me hizo caminar hacia el teatro: el sonido, la voz, que fue lo primero que estudié, eran un pozo de misterio donde pensé que podía entrar. Yo estaba llena de preguntas, a partir de este misterio de las palabras.
Respecto al hilo, Marc García Coté escribe sobre su obra Niu –Nido-: “Jugué entonces a tirar del hilo que el silencio tenso de la página en blanco me ofreció de forma generosa. Quería trabajar sobre la mudez cuando desaparece, ese preciso instante en que el abismo se nos presenta y debemos construir un puente de voces y palabras, desconocidas para la conciencia, para llegar así a cruzarlo sin caer”3.
Marc García Coté: Niu fue la primera obra de teatro que escribí, en un momento delicado de mi vida, en el que no tenía trabajo. En ese momento fui a París y necesitaba escribir una especie de diario a partir del cual surgió un personaje, del que fui estirando el hilo. No la escribí para que se mostrara, pero el Teatre Nacional de Catalunya la tomó y le puso voz; ahí tuve que descubrir lo que había escrito, la obra me mostró lo que yo había ido a buscar, sin ser consciente. Eso me provocó muchas ganas de escribir. Escribo para conocerme, no para explicar algo en concreto sino para ver lo que se escapa de mi conciencia. Me interesa ver cómo se reparte la palabra en el escenario, cómo se la pone en el espacio; es de lo que más me llama la atención de esta profesión, así como las ganas de sorprenderme cada vez en lo que escribo, sin saber bien qué es. La escritura automática, por así decir, me fascina, me parece de una creatividad brutal, la pongo en práctica sin juzgarme, me hace sentirme muy bien.
¿Cómo pensáis la creación artística? ¿Qué efecto os produce el actuar o dirigir? Hemos tomado las palabras de Marc García Coté, recogidas en la web Contexto teatral, para interrogarlas: “escribo de pie, y por todos los lados. En voz alta. Soy actor cuando escribo. Disfruto cuando las historias caminan solas (…) pero cada texto es también mi viaje personal”.
Marc García Coté: Me interesa investigar los cuerpos de los personajes, encontrar la respiración, poner palabras a los cuerpos y al desgaste, ver qué puedo extraer de ellos, en materia emocional. Me interesa también dar espacio a lo arbitrario, introduzco en mis obras objetos con los que me encuentro, retazos de conversaciones con vecinos, cosas que son fruto del azar y que me permiten explicarme.
Para mí lo interesante de dirigir es aproximarse lo máximo posible a lo que el autor ha querido decir, a cómo ha escrito. Hay un vídeo de Lacan en el que está dando una clase en la universidad y un joven tira agua4… ahí podría ser un director de teatro, acepta lo que pasa y lo va reconduciendo. Me parece que ahí está el director, es quien reescribe con lo que tiene –los actores, los elementos, el iluminador, el escenógrafolo que el autor ha intentado hacer.
Merçè Managuerra: creo que el escribir en voz alta de Marc tiene una proyección en sus textos muy diferente a la de otras obras que no están escritas así. Cuando leí El clam del buit –El clamor del vacío- yo escuché esta voz (vaig sentir dice Merçè: en catalán, “sentir” equivoca con “escuchar” y “sentir”). Me produjo como una explosión interior al leerlo por primera vez, y cuando lo representé, tuve una experiencia muy distinta a cuando represento otros personajes: no me preguntaba quién era el personaje, me interesó el movimiento que tenían las palabras. No había
encontrado nunca antes un dramaturgo que me llevara a aquel pozo primigenio donde los sonidos se escuchaban –sentien– con sus ecos. No me interesa tanto el significado del texto, como la resonancia, el eco en el cuerpo.
Tras actuar, hay un terremoto dentro de tu cuerpo. Las notas de lo que has tocado todavía están ahí tras algunas obras, porque de alguna manera cuando acabas, no acabas del todo. Hay cosas con las que soñarás, una sensación con la que te despertarás, es algo que me pasó con El clam del buit. La cuestión que se me planteó en esa obra, por ejemplo, fue si podía tocar con la palabra a una persona que estaba en riesgo de matarse, es una pregunta que todavía me hago.
Lacan apunta a que la posición del analista es comparable a la del actor, en la medida en que “en el campo del hacer que él inaugura con la ayuda de este acto no hay lugar para nada que le disguste ni tampoco que le guste. Si le hace lugar, se sale de allí”5. ¿Dónde os parece que se sitúa el actor, desde dónde sale a escena?
Mercè Managuerra: es la gran pregunta que está siempre presente, como una espada de Damocles. Cuando yo comencé a hacer teatro quería encontrar mi nexo con el personaje, acércame lo máximo a ese personaje, buscando mis puntos de contacto; pero en esa época predominaba una corriente comunitaria, ligada al comunismo, que impulsaba a deshacerse de la subjetividad en pos de lo colectivo.
Acercarse al lugar de la escena sin juzgarla, entiendo que dice Lacan, sin un juicio de valor, con eso estoy de acuerdo. Es lo que sucede en un análisis, uno sabe que el analista no te va a transmitir su experiencia de la vida, estás tranquilo porque sabes que no te va a saltar ningún tigre, que los tigres del analista están guardados en las jaulas. Entonces, los tigres del actor ¿tienen que estar sueltos en la sala de ensayo? Al principio creía que sí. Pasado el tiempo pienso que no puedo parecerme al personaje, no me parece pertinente; lo que me pregunto es si puedo hacerme una idea clara del terreno de juego, si podré sostenerme, nadar.
Marc García Coté: para mí actuar quiere decir, sobre todo, escuchar, lo podemos entender todo si escuchamos. Creo que el actor no puede de ninguna manera imponer su punto de vista ni basarse en su pequeño mundo para comentar un personaje. Más bien se trata de encontrar la rendija por la cual el personaje podrá adentrarse hacia el interior. Me encanta la frase de Pasolini que dice “Aquí somos pocos, pero en nosotros hay Atenas”: creo que describe muy bien la capacidad no juzgar ni imponer nada, sino tener una mirada que pueda reflejar a la humanidad entera.
El proyecto Dau al Sec, así como vuestra colaboración, ¿cómo surge?, ¿qué lo impulsa? Leemos en su web que nace con el propósito de dinamizar la reflexión, promover el compromiso con la palabra y el diálogo sobre los conflictos actuales.
Merçè Managuerra: cuando creé el Teatre Akadèmia quería salir de la presión comercial, para mí lo importante era que hubiera una compañía grande en un teatro pequeño, que hubiera los máximos actores posibles en escena –experiencia que no se tiene en los teatros íntimos-. Pero en los últimos años quise desplazarme del centro, para que la experiencia de ir al teatro implicara moverse, entrar en un barrio, comer en los restaurantes locales… para mí forma parte de la liturgia del espectador, que recibe un regalo en un espacio determinado.
Poble Sec es de un barrio de gran tradición teatral, pero a la vez con un núcleo de población vulnerable, donde hacer un proyecto social, con una comunidad, era factible–con presos de Can Brians, con jóvenes de la red de salud mental o adolescentes de familias vulnerables-. Quería que el teatro expresara lo marginal del proyecto, en el sentido de lo que estaba en los márgenes: ya no me importó que hubiera diez actores – para lo cual se necesita un mecenas detrás-, sino la experiencia de subir hasta allí, preguntar, arriesgarse a cruzar la puerta, pues no hay cartel en la entrada con el nombre del teatro, entrar…
Digamos que la vida cultural de la ciudad no espera que allá haya una gran cosa que nos sorprenda, es como si no estuviéramos… no tenemos ningún compromiso con la idea de entertainment. Se trata de un teatro a fuego lento. Vemos a los espectadores de uno en uno, vienen por una decisión.
Marc García Coté: efectivamente, compartimos una manera de ver el teatro, el amor por las palabras, algo que pensamos que se está perdiendo en esta ciudad.
Merçè Managuerra: Que la palabra no desaparezca del teatro, eso es lo que defendemos.
Notas
* Mercè Managuerra es actriz y directora de teatro, fundadora del proyecto Dau al Sec Arts Escèniques, en el barrio de Poble Sec (Barcelona). Ha sido profesora de inter- pretación, y recibió en 2019 el premio Margarida Xirgú por su interpretación en El mercader de Venècia.
Marc García Coté es escritor de obras teatrales, director y actor. Ganó el premio del Teatre Nacional de Catalunya de nuevos dramaturgos con su obra Niu. Es colaborador de Dau al Sec. Pueden conocer este proyecto y seguir la programación en www.daualsecartsesceniques.cat
Elisabeth Escayola es psicoanalista en Barcelona, miembro de la AMP-ELP. Participó junto a Anna Aromí en el coloquio posterior a la representación de la obra Raptes (de Marc García Coté, dirigida por Merçè Managuerra), el pasado 29 de noviembre de 2025.