- La transferencia al final, Neus Carbonell Los casos clínicos sólo están disponibles en la versión en papel
- La sexualidad infantil, Éric Laurent
- La debilidad mental en la era de la Inteligencia Artificial, Miquel Bassols
- Lo tóxico, nueva metáfora de nuestro malestar, Clotilde Leguil
- La droga en la subjetividad contemporánea, Irene Domínguez
- El sujeto en sesión, una respuesta de lo real, Antoni Vicens
- Encuentro contingente con un individuo ensimismado, Jesús Ambel Los casos clínicos sólo están disponibles en la versión en papel
- Espacios perforados, Claudia González Los casos clínicos sólo están disponibles en la versión en papel
- Consentir al inconsciente, aún, Marta Maside Los casos clínicos sólo están disponibles en la versión en papel
- Buscar y a(r)mar, Carla Rojo Los casos clínicos sólo están disponibles en la versión en papel
- Sobre el amor y las pasiones. Conversación con Núria Güell, Margarita Álvarez, Soledad Bertran Artículo abierto a no suscriptores
- El goce y el amor, Rosa María López
- Desafíos del deseo en las mujeres. Lacan a la letra, de Neus Carbonell, María Guardarucci
- ¿Soy lo que digo que soy? Psicoanálisis y civilización, de Manuel Fernández Blanco, Paula Díaz
El desorden de lo real es el eje que vertebra este número. Lacan lo advertía en 1974: “lo real puede muy bien desbocarse, sobre todo desde que tiene el apoyo del discurso científico”1. Jacques-Alain Miller, en la presentación que hizo del tema del IX Congreso de la AMP, “Un real para el siglo XXI”, subrayaba la reestructuración del mundo provocada por la dominación combinada del discurso de la ciencia y el discurso del capitalismo, que “han empezado a destruir la estructura tradicional de la experiencia humana (…) Capitalismo y ciencia se han combinado para hacer desaparecer la naturaleza y lo que queda del desvanecimiento de la naturaleza es lo que llamamos lo real, es decir, un resto, por estructura, desordenado”2.
Los rasgos de la subjetividad de la época dan cuenta de este desorden de lo real, e inciden en la práctica del psicoanálisis. En el seno de una “civilización en manos de la tecnología”, como señalaba recientemente Neus Carbonell en el Seminario de investigación sobre las Enseñanzas del pase de la ELP, donde “el conocimiento se ubica en la Nube”, la suposición de un saber inconsciente queda más en entredicho que nunca.
Freudiana introduce en este 103 un cambio en la portada. La diseñadora gráfica Guada González ha recogido las indicaciones de crear una imagen impactante, a partir de lo que le ha evocado el título y la temática de los diferentes textos que recoge este número, y de un apunte de Marie-Hélène Brousse en la pasada Question d’École, “Ce que l’Ecole te donne à lire”, de febrero de 2025: la ilustración debe atrapar la vista… la imagen está hecha para mostrar pero no muestra, muestra otra cosa. En efecto, estamos ante una portada que nos mete de lleno en el siglo XXI, hecha intencionalmente con Inteligencia Artificial. A primera vista habría una imagen bella, alegre, que se convierte en inquietante en un segundo vistazo; que juega con el orden y el desorden; que busca simular una naturaleza donde no la hay… Parecen erizos de mar. No lo son.
Miller apuntaba en su presentación al desorden creciente de la sexuación en lo real del siglo XXI. Éric Laurent muestra en su conferencia sobre la sexualidad infantil, dentro del apartado Actualidad de Freud, que el escándalo de lo sexual se ha desplazado y aparece una intolerancia nueva a las violencias sexuales -como evidencian los casos de Dominique Pelicot, Harvey Weinstein, Puff Daddy o La Manada-; pero, paradójicamente, “en los países democráticos, prohibir a niños de 12 años ver pornografía parece un problema de libertad fundamental”… “El escándalo de lo sexual, a partir de la lectura de Freud, nos empuja a interrogar de nuevo dónde cabe situar realmente el escándalo”.
El apartado La subjetividad de la época está compuesto por una serie de textos que apuntan, tal como señalaba Miquel Bassols, a los efectos del “desorden de lo real que queda como resto” del agujero en lo simbólico, “el que motivó tanto la caída de los grandes relatos edípicos como la propia clínica que se ordenaba a través del Nombre del Padre”3. Así, en su texto sobre la debilidad mental en la era de la IA, señala los efectos de la tecnociencia sobre el sujeto de nuestro tiempo, apuntando una hipótesis contundente: ya no se trataría de fundar la existencia del sujeto en el pensamiento –Cogito, ergo sum- sino en el hecho de tener y de sentir el cuerpo: I feel, therefore I am. Entonces el sentimiento, como percepción del propio cuerpo, viene ahora al lugar del pensamiento como índice de la que él define como identidad evanescente del sujeto contemporáneo.
Clotilde Leguil recoge el término “tóxico” en tanto sostiene que da cuenta de la subjetividad de la época, así como de una modalidad inédita de la angustia actual, que “permite captar los términos en los que se formula la actualidad del malestar en la civilización”. Su hipótesis es que esta palabra remite a una nueva dimensión del sujeto, en la medida en que el sujeto contemporáneo se formula a partir de la experiencia del cuerpo.
Irene Domínguez, en su escrito sobre el uso y la connotación del tóxico en la subjetividad contemporánea, apunta a que el discurso imperante rechaza el rechazo. Su hipótesis es que haber pretendido borrar el lugar discursivo para la segregación deja a muchos sujetos asfixiados, en tanto han perdido la posibilidad de poder hacer uso de lo excluido para tratar el propio malestar, por lo que lo tóxico aparece en todas partes.
El apartado El sujeto en sesión lo conforman cinco elaboraciones: la investigación de Antoni Vicens ubica que el psicoanalista, como efecto de transferencia, “está en condiciones de dar una interpretación como respuesta de lo real”, mientras que la ciencia no recoge ninguna respuesta del sujeto, porque todo el saber está supuesto en lo real. La ciencia, por tanto, hace callar a lo real. Los casos expuestos en este apartado dan cuenta del deseo del analista como lo que hace posible “Consentir al inconsciente, aún”, tratando un rasgo de dificultad de la época al que apunta Marta Maside en su construcción; o Jesús Ambel, cuando interroga si no hay algo irrespirable en los abordajes actuales del sufrimiento psíquico que prescinden del sujeto del inconsciente; también, como muestran Claudia González y Carla Rojo, sosteniendo espacios habitables, armando invenciones frente al desorden de la vida cuando los medios con los que el sujeto responde a lo real tropiezan con un impasse.
En el apartado sobre Las enseñanzas de los AE contamos con una enseñanza de Neus Carbonell, “La transferencia al final”. Aquí, la AE en ejercicio ofrece una elucidación “sobre cómo el recorrido analítico me llevó a desprenderme de la demanda y, en consecuencia, a que el análisis se terminara”. Y propone que para hacer el pase hay que creer en la Escuela sujeto; que, finalmente, “un pase depende de la experiencia de un único sujeto: la Escuela. De ahí su extraordinaria fortaleza y su delicada fragilidad”.
El espacio Conversaciones aloja una entrevista a Núria Güell, artista catalana reconocida por sus proyectos de carácter político y social, quien toma como interlocutor al psicoanálisis en su último proyecto, “Paraules d’amor. Un assaig sobre les passions”, donde conversa con Margarita Álvarez. Núria señala en la entrevista otro rasgo de esta época: la tendencia de las instituciones culturales a cancelar lo que resulta políticamente incorrecto, reduciendo así la comprensión de las complejidades del ser humano; y rescata la importancia de repensar críticamente la cultura del momento, tanto por parte del arte como del psicoanálisis. El otro texto, de Rosa María López, es un fragmento de la conferencia de cierre que hizo de la exposición de Núria Güell en el espacio de exposiciones artísticas Fabra i Coats de Barcelona. Rosa introduce la cuestión del goce y el amor tomando los testimonios del documental y las graves fallas que transmiten en ese ámbito de la existencia, apuntando a la hipótesis de que es posible hacer una clínica diferencial tomando como brújula diagnóstica la posición del sujeto ante el amor.
Por último, el espacio Lecturas acoge dos: la de María Guardarucci sobre el libro Desafíos del deseo en las mujeres. Lacan a la letra, de Neus Carbonell. En su comentario, María introduce: “esto que constituye un enigma de lo femenino aún para las propias mujeres, y que solo encuentra representación bajo emergencias desplazadas, nos sitúa frente a otra pregunta que ilumina la actualidad: ¿Son las teorías actuales feministas y de género, así como los discursos más conservadores sobre la mujer, efectos de la imposibilidad de representar al Otro?”.
Para concluir, leemos la de Paula Díaz sobre el libro ¿Soy lo que digo que soy? Psicoanálisis y civilización, de Manuel Fernández Blanco. En él, destaca Paula, encontramos “de qué modo el plus de gozar como mandato superyoico de la época atraviesa el malestar en la cultura y tiene consecuencias sobre los lazos sociales, el matrimonio, la familia, el amor, la violencia y la identidad sexual, así como el afecto de angustia y la depresión generalizada”.
Esperamos que disfruten de este 103, tanto como lo hemos hecho nosotros.
Soledad Bertran
Directora de Freudiana, por la comisión: Natalí Boghossian, Cecilia Espejo, Luciana Fracchia, Héctor García, Adriana Meza, Jorge Pérez, Claudia Rivas, Lucrecia Rocchetti, María Touza.