- El destino de mi delirio, Carolina Koretzky Los casos clínicos sólo están disponibles en la versión en papel
- Un nuevo sujeto supuesto saber, Eugenio Díaz
- Familia y función, Esthela Solano-Suárez
- Padres y madres de hoy, Hebe Tizio
- Desembrollar la familia, Adriana Campos
- Cambios en los imperativos parentales, Andrea Freiría
- La ambigüedad entre el uno y el dos, Estela Paskvan
- Del placer de disparatar al parloteo del parlêtre, Gabriela Galarraga
- El inconsciente golpea la puerta como un personaje más, Conversación con Tute Artículo abierto a no suscriptores
- Sobre el chiste y su comicidad, Natalí Boghossian
- Mis límites son chicles, Patrick Almeida Los casos clínicos sólo están disponibles en la versión en papel
- ¿Un niño enterrado? La construcción de un síntoma, Dolors Arasanz Los casos clínicos sólo están disponibles en la versión en papel
- Ser la tía, Blanca Sánchez Los casos clínicos sólo están disponibles en la versión en papel
- Tú no, Elena Usobiaga Los casos clínicos sólo están disponibles en la versión en papel
- Adolescencias del siglo XXI, de José Ramón Ubieto, Francesc Vilà
- Palabra quieta, de Elisabeth Escayola, Montse Colilles Codina
Bajo la propuesta del Congreso PIPOL 12, El malestar en la familia (realizado en Bruselas el 12 y 13 de julio de 2025, y que nos puso al trabajo durante varios meses), hemos reunido en este 104 una serie de elabora- ciones que dan cuenta de este malestar, ya sea en el seno de las configuraciones familiares, o en relación a lo familiar.
Como subraya Katty Langelez-Stevens en el argumento que abría a la investigación en torno al Congreso, “si hay una evidencia del malestar en la civilización de nuestro tiempo, es la de las familias. Como la figura del padre, la familia ya no es la misma […] se producen sin cesar invenciones destinadas a armar cada uno, cuando es preciso, su forma de hacer familia [...] Hoy en día, la angustia es el síntoma predominante en lo relacionado con la familia”1.
Precisamente de esta angustia dan cuenta los casos clínicos que publicamos, y que se expusieron en simultáneas del Congreso. Blanca Sánchez introduce un apunte al respecto: “Según Éric Laurent, que el padre o la madre se fundamenten en un ideal delirante, ficcional o científico ‒o incluso moral‒ revela cuál ha de ser la posición del analista: la de proteger a los niños de los delirios familiaristas, de los lazos familiares y de las pasiones que los habitan, y quizás también proteger a aquellos que se ven involucrados en su crianza. El delirio familiarista, en nombre de las buenas intenciones, que son las que conducen al infierno, puede llegar a imponerle a alguien, contra su deseo, el deber de maternar o paternar”.
Patrick Almeida da cuenta de un caso que, en sus palabras, “encarna algo del malestar familiar contemporáneo, marcado por límites difusos y lugares inciertos. Así se ve cómo el malestar en la familia no reside hoy solamente en la pluralización de las formas familiares, sino en la dificultad de un sujeto para extraerse del caos de los lugares y de los goces, y construirse un lugar propio”. Precisamente la dificultad para construirse un lugar propio es la que desarrolla Dolors Arasanz, quien se pregunta, a partir de lo que el caso que presentó enseña, cuál es el lugar que el niño ocupa para la pareja de los padres, de qué deseo proviene, y qué ocurre cuando la función paterna aparece debilitada.
Por último, Elena Usobiaga expone el trabajo de un sujeto en el que “el despliegue de su angustia llevó a su vivencia de desvalimiento –Hiflösigkeit-”. Dicho trabajo, sostenido por la analista, le permitirá alcanzar una inédita “alegría de vivir y de estar dispuesta a encontrarse con lo que la vida le depare”.
El apartado El espacio del pase lo conforma en primer lugar la enseñanza presentada por Carolina Koretzky, AE en ejercicio, en las XIV Jornadas de la NEL. En un trabajo titulado “El destino de mi delirio”, parte de preguntarse en torno a qué deliró durante veinticuatro años de análisis, en el sentido de la producción de sentido, “de la manera en que interpretamos lo real para defendernos de él”. Y destaca una cuestión que remite a la temática de este 104: “Nuestra orientación apunta a la caída
de las ficciones, las identificaciones y las historias familiares para llegar al hueso, al núcleo de la repetición, allí donde la pulsión desempeña su papel […] Esto es determinante: no sólo los relatos, la historia familiar, las grandes identificaciones, sino este quantum libidinal que comandaba, dirigía, gobernaba”.
En segundo lugar, el trabajo de Eugenio Díaz sitúa que la transferencia debe ubicarse de manera lógica, y ética, en la Escuela. Aquí apunta: “el AE no es el sujeto supuesto saber (como no lo es el analista en la cura), el AE es el que desea hacer de su experiencia de análisis una enseñanza en la Escuela”. Se trata, como vemos, de lo que Koretzky pone en acto.
En el apartado Lo que hace familia encontrarán un primer texto de Esthela Solano-Suárez, “Familia y función”: se trata de una elaboración, publicada en francés en el año 2000, que da cuenta de las configuraciones familiares del siglo pasado, por lo cual no hay ninguna referencia a la multiplicidad de formas de familia que han surgido o que se han visibilizado actualmente como consecuencia de los efectos del discurso de la ciencia y del discurso capitalista. No obstante, resulta fundamental su apreciación en lo relativo a la función de la transmisión familiar, a la función del cero: “Distinguimos que hay una condición formal, necesaria para que haya transmisión -siendo ésta un operador simbólico: la transmisión del patronímico-, sobre la que se articula un operador lógico que permite construir la lógica de la sucesión de generaciones: la función del cero. Estas condiciones constituyen la piedra angular de lo que llamamos la familia conyugal, y pertenecen propiamente al lenguaje. Esto nos permite deducir que la familia es una consecuencia de la lógica del lenguaje, y una entidad que encuentra su definición al articularse en términos de discurso, es decir de vínculo social”.
La inestabilidad, incluso caducidad, que señalaba Lacan respecto a la “autoridad retenida por el padre” de la familia edípica, es la que Hebe Tizio, en una conferencia dictada en 2018, mostraba como rasgo de época. En un trabajo titulado “Padres y madres de hoy”, se preguntaba si los cambios sociales generan cambios estructurales, sosteniendo que “hemos pasado de lógicas donde la autoridad funcionaba de manera autoritaria a lógicas donde se produce una inversión. Entonces, en realidad, el que regula e impacta a nivel familiar ya no es el padre, sino que es el mercado”. Subrayaba ahí el impacto del mercado y su imperativo de consumo sobre los niños, que se hace carne sin modularse cuando los padres ceden en el ejercicio de sus funciones. De ahí que podamos hablar, alertaba, de nuevas formas de desprotección de la infancia y de la adolescencia en la actualidad, en tanto son formas de desprotección frente a lo pulsional.
Esto es a lo que apuntan los otros dos trabajos, escritos recientemente: Andrea Freiría, respecto a los cambios en los imperativos parentales, explica que “donde antes la interdicción de la ley y la función reguladora de la palabra daban un orden al lazo social, ahora encontramos una descentralización del amo clásico que sumado a una desvalorización de lo simbólico, produce una desorientación generalizada. En su lugar comanda el empuje a gozar de los objetos; en este sentido, los hijos quedan expuestos a este riesgo”.
Adriana Campos, en una conferencia dictada en abril de 2025 sobre el tema del Congreso PIPOL, titulada “Desembrollar la familia”, expone que la subjetividad contemporánea “reivindica que ya no está concernida por la deuda contraída con el padre. No quiere saber nada de ella”, y que ese no querer saber nada no es del orden de la represión, sino del orden del rechazo. Y ubica que, para Lacan, por el hecho de ser rechazada, esta deuda no desaparece sino que produce “el retorno feroz del superyó con su mandato de goce”.
Vemos que el malestar respecto a la familia no cesa con las nuevas configuraciones familiares, y que en lo familiar, como se nombra el siguiente apartado, se juega algo que hace marca, que deja huella. “Puede decirse que la familia se instala en el inconsciente del neurótico porque es el lugar donde el sujeto ha experimentado el peligro”2, señalaba Miller, dicho que inspira la portada de este 104.
Estela Paskvan, en su investigación sobre “La ambigüedad entre el uno y el dos” retoma la pregunta fundamental de Freud: ¿Cómo es posible que lo familiar, íntimo –heimlich– se convierta en ominoso, terrorífico – Unheimlich–? ¿En qué circunstancias?: “Lacan retoma la ambigüedad de la palabra alemana donde también tocamos con el dedo la continuidad del derecho con su revés. Y toma buena nota del Heim –casa, oculto– para apuntar que se trata del lugar del Otro”. En este recorrido, donde recuerda el recurso de Freud a la ficción literaria para mostrar el surgimiento de lo siniestro, toma la experiencia corporal de desdoblamiento de la que manifiesta Sylvia Plath en su poema “Escayola”.
También del recurso a la escritura habla Gabriela Galarraga en su desarrollo sobre la lengua como asunto de familia, donde se pregunta cómo hacer familia con la alteridad que genera lo más singular del goce dentro de esta institución. Destaca, de la mano de la novela de Ocean Vuong En la tierra somos fugazmente grandiosos, “la escritura como anhelo de dibujar, en un gesto, algo que escapa al lenguaje, lo íntimo indecible,
extimidad orillada por la letra”. Y apunta a un eje que remite al próximo congreso de la AMP: la relación con lalengua, lengua materna, “sobre la que el parloteo del parlêtre teje ficciones que historizan su propia lengua familiar, es el intento de suplir la No relación sexual”.
Freudiana ha querido conversar con el dibujante argentino Tute, dado que su uso del humor y su vínculo, en tanto analizante, con el psicoanálisis lacaniano, le permiten captar rasgos de época con una fineza y precisión extraordinarias, como verán en las viñetas que acompañan al texto. “Tute es un dibujante, desde el inicio. Pegado a la palabra viene el dibujo, como herramienta de expresión, a partir de esos primeros palotes, que no parecen decir nada y sin embargo están cargados de sentimientos, de dudas, de fantasmas… de dibujos previos y de palabras previas, porque antes de que lleguemos al mundo ya nos dibujaron y nos llenaron de palabras”.
En ese mismo apartado, Natalí Boghossian explora cómo “la técnica del chiste, la envoltura formal del witz responde a un principio de ahorro. El chiste se caracteriza por su brevedad, debe ser conciso. Dice mucho en pocas palabras. Es lo que muestra Tute de manera magistral a través de sus viñetas”. Respecto a la interpretación, explica que el enunciado interpretativo es un witz pulsional, y que Tute lo capta al decir que humor, psicoanálisis y poesía comparten muchas cosas. En palabras del dibujante: “La síntesis por ejemplo, absolutamente necesaria, sobre todo del analista cuando hace una intervención: tiene que ser oportuna y concisa, para que no pierda potencia”.
Por último, las reseñas de Francesc Vilà y Montse Colilles dan cuenta de sus lecturas de los libros de José Ramón Ubieto, Adolescencias del siglo XXI, y Elisabeth Escayola, Palabra quieta. Ambos destacan el trabajo de los autores, psicoanalistas, para acompañar y aliviar el sufrimiento de los adolescentes en souffrance, como subraya Vilà, y dar lugar a la emergencia de la singularidad y la subjetividad de los “pequeños pacientes” a los que hace referencia Colilles.
Queda, entonces, adentrarse en este número sobre Lo familiar. Les deseamos una buena lectura.
Soledad Bertran,
Directora de Freudiana, por la comisión: Natalí Boghossian, Cecilia Espejo, Luciana Fracchia, Héctor García, Adriana Meza, Jorge Pérez Becalli, Claudia Rivas, Lucrecia Rocchetti, María Touza.